sábado, 12 de julio de 2014

Duodécima Clase PANORAMA BÍBLICO I. Los Profetas Menores

LOS DOCE PROFETAS MENORES
     
Oseas:  El extremo amor de Dios

El principio de la palabra de Jehová por medio de Oseas. Dijo Jehová a Oseas:
Ve, tómate una mujer fornicaria, e hijos de fornicación;
porque la tierra fornica apartándose de Jehová.
Oseas 1.2

El Libro de Oseas trata de la fornicación y el adulterio espiritual de los judíos durante el libro de II Reyes. Israel, que se casó con Jehová en el Monte Sinaí, se apartó de Él para ir en pos de dioses ajenos (Isa 54.5 con Exod 19.4-6; Ezeq 16.8, 32).

En la Biblia la apostasía (dejar la verdad) y la idolatría (adorar a los dioses ajenos) es como la infidelidad marital y la fornicación o el adulterio. Entonces, Dios manda al profeta Oseas que se case  con una mujer adúltera—una fornicaria—para darles a los israelitas una lección visible y obvia de su pecado de infidelidad al pacto que hicieron con Él (Os 8.1). Así que, por la apostasía y la idolatría, Dios promete castigar a Su pueblo Israel en el tiempo venidero de la Tribulación. Lo que Él quiere lograr a través de esta disciplina divina es la restauración de Su “esposa” Israel. A pesar de la fornicación y el adulterio espiritual de Israel con otros dioses, Jehová la ama “hasta lo último”. No hay nada que pueda separar a Israel del amor de su Marido, ni siquiera la infidelidad descarada.

Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos. Seguirá a sus amantes, y no los alcanzará; los buscará, y no los hallará. Entonces dirá: Iré y me volveré a mi primer marido; porque mejor me iba entonces que ahora.
Oseas 2.6-7

JoelLa súplica antes del juicio

Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.
Joel 2.12-13
Joel es otra profecía que Dios mandó a Israel durante los tiempos de apostasía de II Reyes. Dios advierte a los de Su pueblo con el juicio inminente, la destrucción de su tierra y el cautiverio si ellos no se arrepienten. Como con todos los profetas menores, hay mucho en el Libro de Joel acerca de la Tribulación (Joel 2.1-2; 3.1) y la segunda venida de Cristo (2.31; 3.21).

Amós:  El juicio para reconciliación
He aquí los ojos de Jehová el Señor están contra el reino pecador, y yo lo asolaré de la faz de la tierra; mas no destruiré del todo la casa de Jacob, dice Jehová.
Amós 9.8
Amós profetizó a las diez tribus del norte (que se llaman “Israel”) durante los últimos días de apostasía y prosperidad justo antes de la deportación y la cautividad en Asiria. Dios les había dado a los de Su pueblo un gran privilegio entre todas las otras naciones del mundo pero ellos abusaron de la bendición.
Dios le prometió a Israel que arreglaría cuentas pronto si no se arrepentía. Sin embargo, a pesar del duro castigo que estaba por venir, el Libro de Amós promete a Israel la reconciliación y la restauración completa. Dios manda Su juicio no sólo para castigar sino también para conseguir la reconciliación. Uno de los pasajes más importantes en el Antiguo Testamento de la restauración futura de Israel es Amós 9.11-15. No hay duda: Dios restaurará Su pueblo Israel en la tierra prometida. Sólo es una cuestión de tiempo para que el juicio del castigo divino sobre su pecado de rebelión se lleve a cabo (la Tribulación).

Abdías:  El Dios de la justicia verdadera
Abdías es uno de los pocos libros en la Biblia que Dios dirigió, de una manera u otra, a los gentiles. Los otros dos libros son el de Nahúm—una profecía para los gentiles viviendo en Nínive—y Habacuc que escribió su profecía para los de Babilonia. Abdías dirigió su profecía a Edom (Abd 1.1) en los tiempos de apostasía en Israel, siempre durante la historia de II Reyes.

Porque cercano está el día de Jehová sobre todas las naciones; como tú hiciste se hará contigo;
tu recompensa volverá sobre tu cabeza.
Abdías vr.15

Abdías es un libro acerca de la “justicia poética” de Dios porque Él les hará a las naciones gentiles (como Edom) tal como ellas hicieron a Su pueblo Israel. Nadie puede tocar la nación de Israel y salir sin el duro castigo de Dios (Gen 12.1-3). Así que, en Abdías vemos que es cierto el dicho: “Al que tira piedras, piedras le caerán”. Sólo que, en el contexto de la nación de Israel, es mejor dicho así: “A la nación que le tira piedras a Israel, peñas le caerán”. Dios es un Dios de justicia poética—la retribución justa—y en Abdías vemos la realización de esta verdad universal, que lo que uno siembra es lo que segará (Gal 6.7-8).

Jonás: Dios perdona a los convertidos

El Libro de Jonás se escribió también durante el tiempo de II Reyes, cuando Asiria estaba por llegar a Israel—a las diez tribus del norte—y llevar a los judíos en cautividad. La ciudad capital de Asiria en aquel entonces era la gran metrópoli de Nínive, la ciudad a la cual Dios mandó a Jonás. Este trasfondo histórico nos ayuda mucho a entender la desobediencia de este profeta. Él no quería ir a Nínive con el mensaje de Dios porque sabía que si ellos se arrepentían, Dios les perdonaría. Lo que Jonás trataba de procurar con su desobediencia era la salvación de Israel de su enemigo, Asiria.

Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte,
y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.
Jonás 4.2

Jonás creía que si él podía sacrificarse desobedeciendo a Dios, Nínive nunca oiría el mensaje de juicio y por esto no se arrepentirían. Dios, entonces, tendría que destruir a los asirios e Israel estaría a salvo. Esta es la misma actitud que vemos en el Apóstol Pablo, que por tanto que amaba a su pueblo, quería sacrificarse, si fuera posible, por él.

Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos,
los que son mis parientes según la carne.
Romanos 9.3

Sin embargo, Dios no permitió ni a Pablo ni a Jonás sacrificarse por Su pueblo. Jonás llegó a la fuerza a Nínive y predicó a regañadientes el mensaje que Dios lo mandó. Por esto, todo el pueblo de Asiria, desde el rey hasta el hombre más común y corriente, se arrepintió de su mal camino. Dios, entonces, perdonó a los arrepentidos y no los destruyó como iba a hacer. Unos pocos años después estos mismos asirios, como instrumentos en las manos de Dios para recompensar a Su pueblo por el pecado, llegaron a la tierra de Israel y llevaron a las diez tribus del norte en cautiverio exactamente como Jonás temía.

Miqueas: El golpe para bendición

El “golpe” que Dios le prometió a Israel en la profecía de Miqueas era la cautividad—el castigo divino sobre la apostasía y la idolatría de Israel durante el tiempo de los reyes después de Salomón (Miqueas 1.6-7). Como siempre en todos los libros de los profetas, lo que Dios quiere lograr a través de las advertencias de juicio es guiar a Su pueblo al arrepentimiento. Este es el mensaje de Miqueas.

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti:
solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.
Miqueas 6.8
 Dios quiere, entonces que este golpe de castigo en la cautividad lleve el buen fruto de arrepentimiento y humildad entre el pueblo de Israel. En este contexto del arrepentimiento viene la “bendición” por el golpe: la restauración completa (y todavía futura) de Israel en el reino mesiánico (Miqueas 4.1-5). Aunque Dios juzga severamente a los de Su pueblo, les bendecirá aún más.

Con esta lección para Israel, los ciudadanos del Israel espiritual (La Iglesia) deben aprender que la bendición de Dios no sólo significa estar o vivir “cómodos” o sin necesidad de bienes.

Nahúm: Dios no puede ser burlado

Profecía sobre Nínive. Libro de la visión de Nahum de Elcos. Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios,
y guarda enojo para sus enemigos.
Nahúm 1.1-2

Nahúm pronunció su profecía sobre la ciudad de Nínive, la misma a la cual Dios mandó a Jonás unos 150 años antes. Por la predicación de Jonás, los habitantes de Nínive se arrepintieron y Dios tuvo misericordia de ellos y no los destruyó. Sin embargo, no siguieron la Palabra de Dios y volvieron a su mal camino haciendo todo tipo de abominación. Puesto que nadie se burla de Dios, cuando Nínive se aprovechó de la piedad del Señor, Él les prometió una destrucción rápida y completa en el Libro de Nahúm.

Mas acerca de ti mandará Jehová, que no quede ni memoria de tu nombre; de la casa de tu dios destruiré escultura y estatua de fundición; allí pondré tu sepulcro, porque fuiste vil.
Nahúm 1.14

No hay medicina para tu quebradura; tu herida es incurable; todos los que oigan tu fama
batirán las manos sobre ti, porque ¿sobre quién no pasó continuamente tu maldad?
Nahúm 3.19
HabacucEl justo por su fe vivirá

Habacuc escribió su profecía durante las invasiones de los caldeos (Babilonia), justo antes de la última en 606 a.C. que resultó en el cautiverio de las dos tribus del sur que se llamaban Judá.

En este libro vemos el permiso que Dios le da a Babilonia para entrar en la tierra de Israel y ser el instrumento en Sus manos para juzgar al pueblo escogido por su rebelión. Sin embargo, Dios le dio a Habacuc una visión de Su futuro castigo sobre Babilonia y la restauración de Israel. Con esta esperanza, el Señor exhorta a los de Su pueblo a vivir por fe, confiando en Él, que cumplirá con todo lo que ha prometido.

He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.
Habacuc 2.4

Sofonías: Las consecuencias del abuso del privilegio

Dije: Ciertamente me temerá; recibirá corrección, y no será destruida su morada
según todo aquello por lo cual la castigué. Mas ellos se apresuraron a corromper todos sus hechos. Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros...
Sofonías3.7-8

Tanto Israel como las demás naciones de la tierra reciben la dura reprensión de la profecía de Sofonías. Dios les ha dado mucho a todos ellos pero, ¿qué han hecho? Se han apresurado a corromper todos sus hechos. Así que, Dios les promete una justa recompensa por este abuso de privilegio.

Históricamente, el Libro de Sofonías se trata del tiempo de apostasía al puro final del Libro de II Reyes cuando Dios estaba por castigar a Judá con la invasión y cautiverio de Babilonia. Doctrinalmente nos muestra el futuro y el gran castigo de Dios sobre todas las naciones durante la Tribulación y la segunda venida de Cristo. Por esto se ven muchas frases claves en este libro como “el día de Jehová” (Sof 1.7), “aquel día” (Sof 1.15), “el día de la ira (el enojo) de Jehová” (Sof 2.2-3) y “el remanente” (una referencia al remanente fiel de los judíos en la Tribulación; Sof 2.7, 9; 3.13).

Hageo: La restauración de la bendición perdida.

Hageo y Zacarías profetizaron durante la reconstrucción del templo en Jerusalén después de los 70 años de cautividad en Babilonia (Esd 5.1). La profecía de Hageo sirvió para motivar a los israelitas a seguir en la edificación del templo y así restaurar la bendición perdida de la comunión con el Señor.

Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad,
y seré glorificado, ha dicho Jehová.
Hageo 1.8

Lo que había pasado entre los israelitas es algo que se ve a menudo espiritualmente entre los cristianos hoy. Un remanente de judíos regresó de Babilonia y empezó a edificar el templo, el lugar de comunión con Dios, colocando el fundamento (Esd 3.10). Sin embargo, cuando la situación se puso un poco difícil y experimentaron un poco de oposición, los judíos dejaron la obra (Esd 4.23-24). Colocaron el fundamento pero no terminaron de edificar el lugar de comunión con Dios. Sin embargo, por las profecías de Hageo y Zacarías, comenzaron otra vez a reedificar la casa de Dios y la terminaron.

Y los ancianos de los judíos edificaban y prosperaban, conforme a la profecía del profeta Hageo
y de Zacarías hijo de Iddo. Edificaron, pues, y terminaron, por orden del Dios de Israel,
y por mandato de Ciro, de Darío, y de Artajerjes rey de Persia.
Esdras 6.14

 Muchos cristianos hacen lo mismo. Colocan el “fundamento” de la salvación en Cristo Jesús    (I Corintios 3.10) pero, puesto que a veces la “edificación” de la comunión con Dios es difícil y hay oposición, desisten de la fe y nunca terminan la obra (I Cor 3.11; Efes. 2.22). Se acostumbran, entonces, a vivir sin “el templo”— sin la comunión con Dios. El mensaje de Hageo, entonces, es el de Pablo al final de I Corintios 15. ¡Siga edificando el lugar de la comunión con Dios porque vale la pena!

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
I Corintios 15.58

Zacarías:  La promesa de nuevas misericordias

Hageo motivó a los israelitas a poner manos a la obra y terminar de reedificar el templo. Zacarías predicaba a la par de Hageo y anunció las promesas de Dios para el futuro de la nación.  De esta manera Jehová, a través de la profecía de Zacarías, infundió a la nación de Israel con visión acerca del reino glorioso del Mesías y la parte de los judíos en él. Jehová no ha terminado con Israel y el Libro de Zacarías habla de su futuro en el gran plan de Dios.

Y me dijo el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos:
Celé con gran celo a Jerusalén y a Sion.
Zacarías 1.14

Porque yo fortaleceré la casa de Judá, y guardaré la casa de José, y los haré volver;
porque de ellos tendré piedad, y serán como si no los hubiera desechado;
porque yo soy Jehová su Dios, y los oiré.
Zacarías 10.6

Malaquías:   El reclamo por la apostasía

Malaquías escribió su profecía alrededor de 100 años después de Zacarías y unos 400 años antes del nacimiento de Cristo Jesús.   Este libro contiene el último mensaje que Dios le mandó a Su pueblo antes de la llegada del Mesías prometido. Los judíos estaban en apostasía otra vez y Dios les llamó al arrepentimiento.

Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis.
Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?
Malaquías 3.7

Esta es la condición de Israel cuando Juan el Bautista y Cristo Jesús llegan a la escena 400 años después. Por esto ellos tienen el mismo mensaje que Malaquías para la nación de Israel: “¡Arrepentíos!” (Mat 3.1-2; 4.17).


CONCLUSIÓN

 El Antiguo Testamento es un registro de la historia del reino sa través de más de 4.000 años (desde Adán hasta Cristo). Se trata de miles de diferentes acontecimientos y personas, pero siempre hay una unidad y un orden entre toda la diversidad porque Dios siempre sigue cumpliendo con el mismo plan. Quiere establecer y extender Su reino en toda Su creación. Satanás siempre se mete en el desarrollo de la historia para tratar de estorbar y desviar el plan de Dios.

Así que, vemos fracaso tras fracaso cuando los hombres reciben sus instrucciones de Dios pero no las obedecen.  Esto provoca el castigo de parte del Señor para corregir a Su pueblo y ponerlo de nuevo en el buen camino. A pesar de todos los problemas de los hombres y el castigo de Dios durante el Antiguo Testamento, la esperanza sigue igual. Desde Génesis 3.15 hasta el último capítulo de Malaquías 4, los hombres estaban esperando la venida del Mesías prometido y el reino perdurable que Él traería a este mundo. 

Undécima Clase PANORAMA BÍBLICO I. Los Profetas Mayores

LIBROS PROFÉTICOS

Se puede dividir los libros de los profetas en dos grupos generales: los mayores y los menores. Estos términos no tienen nada que ver con los temas del contenido de estos libros (porque a menudo los temas de los profetas menores son muchos más intensos que los de los mayores) sino con su tamaño. Los profetas mayores tienen más contenido—volumen—que los menores, salvo por el pequeño Libro de Lamentaciones que se incluye con los mayores porque es como un apéndice del Libro de Jeremías. Así que, los libros proféticos que son más gruesos se llama “los profetas mayores” y los más pequeños son “los profetas menores”.


Mucho del contenido de los profetas se trata doctrinalmente de la Tribulación, la segunda venida de Cristo y el Milenio. Las frases “aquellos días”, “aquel tiempo”, “aquel día” y “el día de Jehová” abundan en los libros de los profetas. Son frases claves que establecen el contexto doctrinal y se refieren a los tiempos del fin. Ver el capítulo 10 para una explicación de estas y las otras frases claves en la Biblia.

LOS CINCO PROFETAS MAYORES

Isaías:  El Rey que gobierna toda la historia

En el Libro de Isaías vemos a Dios como el gran Rey que gobierna toda la historia desde la eternidad pasada hasta la futura. Él es el Creador de todo y por lo tanto reina sobre todo.

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios,
y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio,
y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá,
y haré todo lo que quiero.
Isa 46.9-10

En este contexto, Él manda un mensaje duro a Su pueblo a través del profeta Isaías.
Isaías escribió unos 150 años antes de la cautividad babilónica que se registra al final de II Reyes. Dios mandó esta profecía específicamente a los habitantes de Judá y de Jerusalén (Isa 1.1) porque estaba muy enojado con los de Su pueblo por razones muy obvias.

¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados!
Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.
Isaías 1.4

Sin embargo, a pesar de Su ira, Dios no quería destruir a Su pueblo. Quería estar a cuentas con ellos, pero tendrían que arrepentirse de sus pecados primero. Para esto Dios les envió en mensaje del Libro de Isaías.

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Isaías 1.18

JeremíasEl Juez que recompensa la iniquidad.

Jeremías escribió justo antes de la cautividad babilónica que vemos al final del Libro de 2Reyes. En este libro Dios es retratado como el gran Juez que recompensa a Su pueblo por su iniquidad de apostasía e idolatría, y entonces a través del profeta Jeremías le promete a Israel una dura retribución.

Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron,
e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron.
Jeremías 1.16

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva,
y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
Jeremías 2.13

A la luz de estos pecados de Israel, la exhortación de Jeremías es bien clara.

Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.
Jeremías 26.12-13

Pero sabemos que los judíos no le hicieron caso. A pesar de la dura predicación y exhortación de Jeremías, ellos seguían en su necedad (como muchos cristianos hoy día, que a pesar de la clara enseñanza de la Escritura siguen carnales, fríos, irresponsables y mundanos) hasta que Dios los juzgó y los arrebató de su tierra en juicio llevándolos a Babilonia por los 70 años de cautiverio.

Lamentaciones: Los lamentos; fruto de la desobediencia

El Libro de Lamentaciones es “la división” entre antes y después de la dispersión babilónica. Israel rehusó someterse a Dios y a Su plan de extender el reino, entonces sufrieron las consecuencias de su pecado y de su rebelión. En Lamentaciones vemos que Dios les daba “con la vara de corrección” y era duro.

Jeremías escribió este libro (vea el título en su Biblia: “Lamentaciones de Jeremías”) cuando Judá y Jerusalén cayeron y fueron destruidos por los caldeos (los del reino de Babilonia).

¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda,
La señora de provincias ha sido hecha tributaria. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. No tiene quien la consuele de todos sus amantes; Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos. Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.
Lamentaciones 1.1-3

Ezequiel: El Señor que lo domina todo

El contexto del Libro de Ezequiel se establece en el primero versículo de la profecía.

Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo
en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
Ezequiel 1.1

Ezequiel estaba entre los cautivos de Babilonia. Históricamente Ezequiel tiene que ver con una profecía que Dios le dio a Su pueblo mientras que estaban bajo el castigo divino de la cautividad. Aunque hay mucha amonestación a arrepentirse del pecado en este libro, también se ve mucha esperanza. Dios quiere que Su pueblo sepa que todavía es Su pueblo y que todavía hay un futuro maravilloso para los que quieren arrepentirse, someterse y hacer Su perfecta voluntad. El mensaje central del Libro de Ezequiel es el de la restauración de Israel. El enfoque es la segunda venida y el Milenio. El libro empieza con una visión de la venida gloriosa del Mesías con Sus querubines y termina con la visión del templo en el reino mesiánico. Cuando Cristo—el Señor que lo domina todo— vuelve para establecer Su reino, Israel será resucitado y reinará con Él como la cabeza de las naciones. El pasaje clave de esta profecía es Ezequiel 39.23-29, y el versículo clave  es el siguiente.

Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio
entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos.
Ezequiel 39.28

Daniel: El Todopoderoso que planea el futuro

Daniel escribió su profecía durante el tiempo del exilio en Babilonia también, igual que Ezequiel. En esta profecía Dios, otra vez, les da a los de Su pueblo la esperanza de que ellos siempre tienen un lugar en Su plan en la creación. Esta esperanza tiene que ver con la venida del Mesías y el reino que Él establecerá. Será un reino que, después de establecerse en la Segunda Venida, se extenderá en toda la tierra y luego para siempre. Israel tendrá parte en este plan para el futuro.

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Daniel 7.13-14

martes, 17 de junio de 2014

Décima Clase Panorama Bíblico I (A.T.)

Salmos  La alabanza por medio de la oración.

El Libro de los Salmos es una colección de cánticos y oraciones al Señor. Todo empieza con el hombre meditando de día y noche en la Palabra de Dios (Sal 1.1-3) y termina con el mismo alabando a Dios (Sal 150). Si nosotros queremos terminar así—alabando a Dios con todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que hacemos—tenemos que empezar de la misma manera para poder desarrollar el corazón que se destaca en el Libro de los Salmos: ¡un corazón únicamente para Dios! David escribió la mayoría de los Salmos y este es el testimonio que Dios da acerca de él. Es lo que Dios quiere en cada uno de nosotros.

Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo:
he hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón,
quien hará todo lo que yo quiero.
Hechos 13.22


El Libro de los Salmos consta de cinco diferentes “libros”. A menudo una traducción de la Biblia tendrá los libros indicados por títulos como “Libro I”, “Libro II”, etc. Estos cinco libros de los Salmos corresponden en un sentido general de sus temas centrales a los cinco libros de Moisés (el Pentateuco). 

La disposición ordenada en todo el compendio del libro de Salmos es la que sigue:

ü Libro I de los Salmos (Sal 1-41) corresponde a Génesis porque tiene que ver con el hombre.
ü Libro II (Sal 42-72) corresponde al Libro de Éxodo porque trata de Israel y su liberación.
ü Libro III, de Salmos (Sal 73-89) corresponde en sentido general a Levítico porque se trata mucho del santuario, el lugar de la presencia de Dios.
ü Libro IV de los Salmos (Sal 90-106) corresponde a Números porque tiene que ver con la iniquidad del hombre y su andar sin rumbo en este mundo.
ü Libro V corresponde al último de Moisés—Deuteronomio—, pero esta es sólo una inferencia por aplicación, sin embargo, históricamente se le atribuye a Moisés, casi por consenso el Salmo 90 (el único prácticamente).

Doctrinalmente, podemos ver las oraciones de los santos de la Tribulación en los Salmos.
Muchos de los Salmos se escribieron durante tiempos de persecución, como cuando David estaba huyendo de la persecución de Saúl.

Bien se puede afirmar que muchos de los Salmos forman cuadros proféticos de los israelitas en la Tribulación huyendo del Anticristo y su persecución global de los judíos (Apoc 12.17). Así que, en muchos de los Salmos podemos ver el sufrimiento de Israel durante “aquellos días” y sus clamores a Dios por liberación y salvación.


Proverbios: La prudencia por medio de los preceptos.

Proverbios es el libro de la sabiduría de Dios escrito en preceptos (en instrucciones o reglas que establecen el buen manejo de la vida delante de Dios). El versículo clave es Proverbios 1.7.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Proverbios 1.7

Este libro se divide en tres partes:

ü  Del capítulo 1 al 9 vemos la narración de la sabiduría.
ü  En Proverbios 10 hasta el 29 podemos leer los principios de la sabiduría.
ü  Al final, Proverbios 30 y 31 se tratan del hombre y la mujer de sabiduría.

Doctrinalmente, Proverbios es como el “Sermón del Monte” del Antiguo Testamento. En el Sermón del Monte en Mateo 5-7, Cristo estableció la constitución de Su reino (los preceptos y principios por los cuales el reino mesiánico, el Milenio, se regirá). Vemos algo muy parecido en los Proverbios. Hoy en día si uno aplica al pie de la letra los preceptos y principios de los Proverbios, a menudo verá el resultado prometido, pero no siempre. Tome por ejemplo el siguiente Proverbio.

La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.
Proverbios 15.1

Este es un buen principio que siempre hemos de seguir. Si nos encontramos con alguien enojado, hacemos bien en darle una “blanda respuesta” porque si le respondemos con una “palabra áspera” sólo vamos a enfurecerle más. Sin embargo, este principio no funciona siempre. A veces la blanda respuesta lo enfurece a uno igual que la palabra áspera. Puede que una palabra áspera sirva para sacudir al que está enojado tanto que se calme un poco. ¿Por qué es así? Porque los Proverbios contienen principios universales del reino perfecto que no funcionan siempre en el mundo actual. No obstante, durante el Milenio, cuando el Mesías esté sobre la tierra y el mundo entero se rija por Sus leyes, uno podrá aplicar los Proverbios y siempre resultarán en lo prometido.

El Sermón del Monte es la constitución del reino mesiánico y los Proverbios son las “leyes naturales” del mismo. Son buenos principios por los cuales debemos vivir hoy en día, pero son “leyes” para el futuro reino perfecto cuando Dios, por medio de Cristo Jesús gobernará plenamente la vida de los hombres.

Eclesiastés: La vanidad de la vida revelada por medio de la verdad.

Eclesiastés es un libro acerca de la vanidad de la vida “debajo del sol” (o sea, la vida carnal o mundana en esta tierra). Vea cómo el libro empieza.

Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
Eclesiastés 1.1-3

A la luz de esta verdad, Dios nos lleva a la conclusión de los últimos versículos de este libro.

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos;
porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio,
juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
Eclesiastés 12.13-14

Dios usó a Salomón para escribir las palabras de este libro y puesto que él fue el hombre más sabio de todos (1Rey 4.29-30; 10.23), sus palabras de sabiduría en Eclesiastés forman una guía que todos hemos de seguir. Salomón llegó a la conclusión que es vano y vanidad tratar de vivir para esta vida en este mundo. Es mejor temer a Dios y guardar Sus mandamientos porque si hacemos esto, siempre haremos bien. Hay que entender el equilibro que Eclesiastés nos da a la par del Libro de Proverbios.

El Libro de Eclesiastés nos da un buen “contrapeso realista” a la par del “optimismo sin reservas” de muchos de los Proverbios. “Haga lo bueno y recibirá bendición” de Proverbios es una regla general ahora (y será una ley universal luego, en el Milenio).   Hoy día no siempre recibimos la bendición que se promete por el bien que hacemos según los principios de los Proverbios. Eclesiastés, entonces, balancea todo este “optimismo” de los Proverbios con una buena dosis de la realidad.

El Libro de Eclesiastés afirma que la única respuesta que le da sentido a la vida es temer a Dios y disfrutar de lo que Dios nos da en esta vida. La vida sin Dios (como se describe en el contenido de Eclesiastés) no tiene sentido porque todas las metas terrenales son vanidad. Pero, el que vive temiendo a Dios y guardando Sus mandamiento puede estar contento porque sabrá que estará agradando a su Creador. Así que, se reemplaza la frustración de una vida terrenal, que es vanidad, con una vida de paz y contentamiento.