sábado, 12 de julio de 2014

Undécima Clase PANORAMA BÍBLICO I. Los Profetas Mayores

LIBROS PROFÉTICOS

Se puede dividir los libros de los profetas en dos grupos generales: los mayores y los menores. Estos términos no tienen nada que ver con los temas del contenido de estos libros (porque a menudo los temas de los profetas menores son muchos más intensos que los de los mayores) sino con su tamaño. Los profetas mayores tienen más contenido—volumen—que los menores, salvo por el pequeño Libro de Lamentaciones que se incluye con los mayores porque es como un apéndice del Libro de Jeremías. Así que, los libros proféticos que son más gruesos se llama “los profetas mayores” y los más pequeños son “los profetas menores”.


Mucho del contenido de los profetas se trata doctrinalmente de la Tribulación, la segunda venida de Cristo y el Milenio. Las frases “aquellos días”, “aquel tiempo”, “aquel día” y “el día de Jehová” abundan en los libros de los profetas. Son frases claves que establecen el contexto doctrinal y se refieren a los tiempos del fin. Ver el capítulo 10 para una explicación de estas y las otras frases claves en la Biblia.

LOS CINCO PROFETAS MAYORES

Isaías:  El Rey que gobierna toda la historia

En el Libro de Isaías vemos a Dios como el gran Rey que gobierna toda la historia desde la eternidad pasada hasta la futura. Él es el Creador de todo y por lo tanto reina sobre todo.

Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios,
y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio,
y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá,
y haré todo lo que quiero.
Isa 46.9-10

En este contexto, Él manda un mensaje duro a Su pueblo a través del profeta Isaías.
Isaías escribió unos 150 años antes de la cautividad babilónica que se registra al final de II Reyes. Dios mandó esta profecía específicamente a los habitantes de Judá y de Jerusalén (Isa 1.1) porque estaba muy enojado con los de Su pueblo por razones muy obvias.

¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados!
Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.
Isaías 1.4

Sin embargo, a pesar de Su ira, Dios no quería destruir a Su pueblo. Quería estar a cuentas con ellos, pero tendrían que arrepentirse de sus pecados primero. Para esto Dios les envió en mensaje del Libro de Isaías.

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
Isaías 1.18

JeremíasEl Juez que recompensa la iniquidad.

Jeremías escribió justo antes de la cautividad babilónica que vemos al final del Libro de 2Reyes. En este libro Dios es retratado como el gran Juez que recompensa a Su pueblo por su iniquidad de apostasía e idolatría, y entonces a través del profeta Jeremías le promete a Israel una dura retribución.

Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron,
e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron.
Jeremías 1.16

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva,
y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.
Jeremías 2.13

A la luz de estos pecados de Israel, la exhortación de Jeremías es bien clara.

Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: Jehová me envió a profetizar contra esta casa y contra esta ciudad, todas las palabras que habéis oído. Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y oíd la voz de Jehová vuestro Dios, y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.
Jeremías 26.12-13

Pero sabemos que los judíos no le hicieron caso. A pesar de la dura predicación y exhortación de Jeremías, ellos seguían en su necedad (como muchos cristianos hoy día, que a pesar de la clara enseñanza de la Escritura siguen carnales, fríos, irresponsables y mundanos) hasta que Dios los juzgó y los arrebató de su tierra en juicio llevándolos a Babilonia por los 70 años de cautiverio.

Lamentaciones: Los lamentos; fruto de la desobediencia

El Libro de Lamentaciones es “la división” entre antes y después de la dispersión babilónica. Israel rehusó someterse a Dios y a Su plan de extender el reino, entonces sufrieron las consecuencias de su pecado y de su rebelión. En Lamentaciones vemos que Dios les daba “con la vara de corrección” y era duro.

Jeremías escribió este libro (vea el título en su Biblia: “Lamentaciones de Jeremías”) cuando Judá y Jerusalén cayeron y fueron destruidos por los caldeos (los del reino de Babilonia).

¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda,
La señora de provincias ha sido hecha tributaria. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas están en sus mejillas. No tiene quien la consuele de todos sus amantes; Todos sus amigos le faltaron, se le volvieron enemigos. Judá ha ido en cautiverio a causa de la aflicción y de la dura servidumbre; Ella habitó entre las naciones, y no halló descanso; Todos sus perseguidores la alcanzaron entre las estrechuras.
Lamentaciones 1.1-3

Ezequiel: El Señor que lo domina todo

El contexto del Libro de Ezequiel se establece en el primero versículo de la profecía.

Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo
en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios.
Ezequiel 1.1

Ezequiel estaba entre los cautivos de Babilonia. Históricamente Ezequiel tiene que ver con una profecía que Dios le dio a Su pueblo mientras que estaban bajo el castigo divino de la cautividad. Aunque hay mucha amonestación a arrepentirse del pecado en este libro, también se ve mucha esperanza. Dios quiere que Su pueblo sepa que todavía es Su pueblo y que todavía hay un futuro maravilloso para los que quieren arrepentirse, someterse y hacer Su perfecta voluntad. El mensaje central del Libro de Ezequiel es el de la restauración de Israel. El enfoque es la segunda venida y el Milenio. El libro empieza con una visión de la venida gloriosa del Mesías con Sus querubines y termina con la visión del templo en el reino mesiánico. Cuando Cristo—el Señor que lo domina todo— vuelve para establecer Su reino, Israel será resucitado y reinará con Él como la cabeza de las naciones. El pasaje clave de esta profecía es Ezequiel 39.23-29, y el versículo clave  es el siguiente.

Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio
entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos.
Ezequiel 39.28

Daniel: El Todopoderoso que planea el futuro

Daniel escribió su profecía durante el tiempo del exilio en Babilonia también, igual que Ezequiel. En esta profecía Dios, otra vez, les da a los de Su pueblo la esperanza de que ellos siempre tienen un lugar en Su plan en la creación. Esta esperanza tiene que ver con la venida del Mesías y el reino que Él establecerá. Será un reino que, después de establecerse en la Segunda Venida, se extenderá en toda la tierra y luego para siempre. Israel tendrá parte en este plan para el futuro.

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Daniel 7.13-14

martes, 17 de junio de 2014

Décima Clase Panorama Bíblico I (A.T.)

Salmos  La alabanza por medio de la oración.

El Libro de los Salmos es una colección de cánticos y oraciones al Señor. Todo empieza con el hombre meditando de día y noche en la Palabra de Dios (Sal 1.1-3) y termina con el mismo alabando a Dios (Sal 150). Si nosotros queremos terminar así—alabando a Dios con todo lo que somos, todo lo que tenemos y todo lo que hacemos—tenemos que empezar de la misma manera para poder desarrollar el corazón que se destaca en el Libro de los Salmos: ¡un corazón únicamente para Dios! David escribió la mayoría de los Salmos y este es el testimonio que Dios da acerca de él. Es lo que Dios quiere en cada uno de nosotros.

Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo:
he hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón,
quien hará todo lo que yo quiero.
Hechos 13.22


El Libro de los Salmos consta de cinco diferentes “libros”. A menudo una traducción de la Biblia tendrá los libros indicados por títulos como “Libro I”, “Libro II”, etc. Estos cinco libros de los Salmos corresponden en un sentido general de sus temas centrales a los cinco libros de Moisés (el Pentateuco). 

La disposición ordenada en todo el compendio del libro de Salmos es la que sigue:

ü Libro I de los Salmos (Sal 1-41) corresponde a Génesis porque tiene que ver con el hombre.
ü Libro II (Sal 42-72) corresponde al Libro de Éxodo porque trata de Israel y su liberación.
ü Libro III, de Salmos (Sal 73-89) corresponde en sentido general a Levítico porque se trata mucho del santuario, el lugar de la presencia de Dios.
ü Libro IV de los Salmos (Sal 90-106) corresponde a Números porque tiene que ver con la iniquidad del hombre y su andar sin rumbo en este mundo.
ü Libro V corresponde al último de Moisés—Deuteronomio—, pero esta es sólo una inferencia por aplicación, sin embargo, históricamente se le atribuye a Moisés, casi por consenso el Salmo 90 (el único prácticamente).

Doctrinalmente, podemos ver las oraciones de los santos de la Tribulación en los Salmos.
Muchos de los Salmos se escribieron durante tiempos de persecución, como cuando David estaba huyendo de la persecución de Saúl.

Bien se puede afirmar que muchos de los Salmos forman cuadros proféticos de los israelitas en la Tribulación huyendo del Anticristo y su persecución global de los judíos (Apoc 12.17). Así que, en muchos de los Salmos podemos ver el sufrimiento de Israel durante “aquellos días” y sus clamores a Dios por liberación y salvación.


Proverbios: La prudencia por medio de los preceptos.

Proverbios es el libro de la sabiduría de Dios escrito en preceptos (en instrucciones o reglas que establecen el buen manejo de la vida delante de Dios). El versículo clave es Proverbios 1.7.
El principio de la sabiduría es el temor de Jehová;
Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.
Proverbios 1.7

Este libro se divide en tres partes:

ü  Del capítulo 1 al 9 vemos la narración de la sabiduría.
ü  En Proverbios 10 hasta el 29 podemos leer los principios de la sabiduría.
ü  Al final, Proverbios 30 y 31 se tratan del hombre y la mujer de sabiduría.

Doctrinalmente, Proverbios es como el “Sermón del Monte” del Antiguo Testamento. En el Sermón del Monte en Mateo 5-7, Cristo estableció la constitución de Su reino (los preceptos y principios por los cuales el reino mesiánico, el Milenio, se regirá). Vemos algo muy parecido en los Proverbios. Hoy en día si uno aplica al pie de la letra los preceptos y principios de los Proverbios, a menudo verá el resultado prometido, pero no siempre. Tome por ejemplo el siguiente Proverbio.

La blanda respuesta quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.
Proverbios 15.1

Este es un buen principio que siempre hemos de seguir. Si nos encontramos con alguien enojado, hacemos bien en darle una “blanda respuesta” porque si le respondemos con una “palabra áspera” sólo vamos a enfurecerle más. Sin embargo, este principio no funciona siempre. A veces la blanda respuesta lo enfurece a uno igual que la palabra áspera. Puede que una palabra áspera sirva para sacudir al que está enojado tanto que se calme un poco. ¿Por qué es así? Porque los Proverbios contienen principios universales del reino perfecto que no funcionan siempre en el mundo actual. No obstante, durante el Milenio, cuando el Mesías esté sobre la tierra y el mundo entero se rija por Sus leyes, uno podrá aplicar los Proverbios y siempre resultarán en lo prometido.

El Sermón del Monte es la constitución del reino mesiánico y los Proverbios son las “leyes naturales” del mismo. Son buenos principios por los cuales debemos vivir hoy en día, pero son “leyes” para el futuro reino perfecto cuando Dios, por medio de Cristo Jesús gobernará plenamente la vida de los hombres.

Eclesiastés: La vanidad de la vida revelada por medio de la verdad.

Eclesiastés es un libro acerca de la vanidad de la vida “debajo del sol” (o sea, la vida carnal o mundana en esta tierra). Vea cómo el libro empieza.

Palabras del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalén.
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.
¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
Eclesiastés 1.1-3

A la luz de esta verdad, Dios nos lleva a la conclusión de los últimos versículos de este libro.

El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos;
porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio,
juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.
Eclesiastés 12.13-14

Dios usó a Salomón para escribir las palabras de este libro y puesto que él fue el hombre más sabio de todos (1Rey 4.29-30; 10.23), sus palabras de sabiduría en Eclesiastés forman una guía que todos hemos de seguir. Salomón llegó a la conclusión que es vano y vanidad tratar de vivir para esta vida en este mundo. Es mejor temer a Dios y guardar Sus mandamientos porque si hacemos esto, siempre haremos bien. Hay que entender el equilibro que Eclesiastés nos da a la par del Libro de Proverbios.

El Libro de Eclesiastés nos da un buen “contrapeso realista” a la par del “optimismo sin reservas” de muchos de los Proverbios. “Haga lo bueno y recibirá bendición” de Proverbios es una regla general ahora (y será una ley universal luego, en el Milenio).   Hoy día no siempre recibimos la bendición que se promete por el bien que hacemos según los principios de los Proverbios. Eclesiastés, entonces, balancea todo este “optimismo” de los Proverbios con una buena dosis de la realidad.

El Libro de Eclesiastés afirma que la única respuesta que le da sentido a la vida es temer a Dios y disfrutar de lo que Dios nos da en esta vida. La vida sin Dios (como se describe en el contenido de Eclesiastés) no tiene sentido porque todas las metas terrenales son vanidad. Pero, el que vive temiendo a Dios y guardando Sus mandamiento puede estar contento porque sabrá que estará agradando a su Creador. Así que, se reemplaza la frustración de una vida terrenal, que es vanidad, con una vida de paz y contentamiento.

domingo, 1 de junio de 2014

Novena Clase de PANORAMA BÍBLICO I


Nehemías:   La reconstrucción

Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta,
y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de
Jerusalén, y no estemos más en oprobio.
Neh 2:17

Hay un segundo regreso de Babilonia a la tierra bajo el liderazgo de Nehemías. Vuelven esta vez para reconstruir los muros alrededor de Jerusalén y ponerle puertas otras vez. Como en Esdras podemos ver un cuadro personal de la necesidad de la comunión con Dios (reedificar el templo), en Nehemías podemos ver el próximo paso en restablecernos con nuestro Señor. Una vez que tenemos la comunión con Él, necesitamos levantar “muros” para separarnos de nuestros enemigos: la carne, el mundo y el diablo. Nos separamos de los enemigos para consagrarnos a Dios y ser usados en el plan de extender el reino. Pero, no podemos edificar muros sin puertas porque si nos separamos completamente de todo, no podemos cumplir con la misión. 

Las puertas en el muro de Jerusalén forman cuadros de ministerios y medios por los cuales alcanzamos al mundo con la luz del evangelio de Cristo Jesús. Además de esta enseñanza personal en Esdras y Nehemías, hay un cuadro doctrinal y profético también. Como en Esdras un remanente de judíos volvió a la tierra para prepararla para la nación, así la Primera Guerra Mundial preparó la tierra prometida para Israel también. Después de la Primera Guerra Mundial sacaron la Declaración de Balfour (1917-18 d.C.) que trazó las fronteras de la tierra que sería de Israel en el futuro cercano. Luego, como en Nehemías el pueblo levantó muros para separarse de las demás naciones (ya como una nación separada, autónoma e independiente), así sucedió después de la Segunda Guerra Mundial. 

En 1948 d.C., después del Holocausto en Alemania, Israel llegó a ser una nación otra vez cuando miles de judíos llegaron allá para “separarse” de las demás naciones y formar la suya otra vez. Esdras y Nehemías forman un cuadro profético de los dos “regresos” a la tierra prometida después de las dos Guerras Mundiales. La Primera Guerra Mundial preparó la tierra para los judíos y la Segunda Guerra Mundial (con la persecución de los judíos por Hitler) preparó a los judíos para la tierra. El siguiente evento en el calendario profético de Dios es lo que vemos en el Libro de Ester: el arrebatamiento de la “reina gentil” (la Iglesia) y la manifestación del hombre de pecado (el Anticristo).


    Ester:   La preservación

En el Libro de Ester vemos la preservación divina de los judíos en la tierra de su cautividad durante los años después del primer regreso a la tierra prometida. Los eventos de Ester tomaron lugar entre los capítulos 6 y 7 del Libro de Esdras. Este libro se trata de la historia de una judía que Dios usó durante este periodo para preservar a Su nación del genocidio de su enemigo, Amán el agageo.


LOS CINCO LIBROS DE SABIDURÍA
Estos cinco libros son “de sabiduría” porque se escribieron de una manera general y universal. Aunque tratan de eventos y tiempos durante la historia del Antiguo Testamento, los principios que Dios comunica a través de estos libros son aplicables en cualquier época y a cualquier pueblo. Además, a pesar de que podemos ver mucha historia en estos libros, principalmente fueron escritos para preservar y comunicar la sabiduría de Dios—las instrucciones de cómo debemos vivir delante de un Dios Santo y Todopoderoso.


   JobLa bendición por medio del sufrimiento

Job es el libro más antiguo de toda la Biblia. Aunque Génesis trata de la creación y aparece primero en el orden de los libros de la Escritura, fue escrito por Moisés alrededor del año 1490 a.C. Job fue escrito durante los días de los patriarcas. O sea, Job era contemporáneo de Abraham, quien vivió generaciones antes de Moisés. Además, puesto que se escribió durante este tiempo de la vida da Abraham, el Libro de Job contiene mucha información sobre el mundo antes del diluvio de Génesis 7, tanto el mundo de Noé como el de antes (el de Lucero en Génesis 1.1). Por la fecha en que fue escrito es interesante (e importante) notar que Job pudo haber hablado con alguien que habló con Sem, uno de los tres hijos de Noé. Así que, durante la vida de Job y alrededor del tiempo de su prueba, había mucho conocimiento de la historia del mundo de Noé y la del original de Lucero, conocimiento que ya se ha perdido.

Job es un libro increíblemente profundo y contiene mucha información sobre el pasado de esta creación y las criaturas y que la habitaron.


El Libro de Job se divide en tres partes.

  • Primero leemos acerca de Job y Satanás (Job 1-2),
  • Luego de Job y sus amigos (Job 3-37)
  • Y al final de Job y Dios (Job 38-42).

Hay mucha enseñanza práctica para el estudiante de la Biblia en este libro. Uno puede aprender cómo responder a las duras pruebas de la vida.        
Job lo perdió todo en cuestión de un par de días: sus hijos, sus posesiones y aun su propia salud. Sin embargo respondió bien, por lo menos al principio (sería bueno que todos nosotros respondiéramos así cuando nos toca una prueba difícil).

Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job,
ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
Job 1.21-22

Además, en el Libro de Job vemos cómo Dios a menudo desarrolla el carácter de Sus santos a través de las tribulaciones (Hechos 14:22). 
El Señor dijo que Job era un hombre perfecto y recto (Job 1.1), pero a pesar de esto lo metió en el “horno de aflicción” para purificarlo un poco más. Es a menudo a través de la aflicción que Dios nos saca la “escoria” de la maldad y de los problemas que tenemos en nuestro carácter. Job tenía la tendencia de justificarse a sí mismo y de confiar en sus propios méritos. A través de su prueba aprendió que el hombre no es nada y que Dios es todo  (Job 42.1-6).  A través de las pruebas y los tiempos difíciles, Dios hace Su buena obra de purificarnos y refinarnos. Aunque nos duele, después vale la pena (como con Job: recibió el doble de todo lo que perdió al principio; Job 42.10).

Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.
Heb 5.8

He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción.


Isa 48.10

Novena Clase HERMENÉUTICA INTRODUCTORIA

REGLAS BÁSICAS PARA INTERPRETAR
(Siguiendo el método gramático-histórico).

1.     Dejar que la Biblia sea su propio intérprete cada vez que sea posible.

2.  Tomar literalmente, lo más posible, las palabras de la Biblia. Sólo debe buscarse el significado figurado cuando el literal carezca de sentido.

3.  Colocar todas las interpretaciones hechas dentro del contexto del cual fueron tomados los pasajes, para ver si se ha cometido alguna arbitrariedad en la interpretación.

4.  Considerar el tema o propósito del libro cuando se intérprete un pasaje específico de dicho libro.

5.     Ser reflexivo al hacer la interpretación. Evitar los juicios acelerados. Buscar las razones que pudieran demostrar que su interpretación es incorrecta.


CONTEXTO Y PASAJES PARALELOS

CONTEXTO:
La palabra contexto está compuesta de dos palabras latinas: cum (junto a) y textum (tejido; por extensión, contextura, trama).
Aplicado a documentos escritos, expresa la conexión de pensamiento que existe entre sus diferentes partes para hacer de  ella un todo coherente. El valor del contexto es obvio: sin él no hay correcta interpretación. El contexto liga, entreteje, une a dos o más pasajes bíblicos de igual valor espiritual y literario.

EXTENSIÓN DEL CONTEXTO:
Hay dos tipos de contextos. El contexto remoto y el contexto inmediato.

El Contexto Remoto. En un sentido amplio, está constituido por la totalidad de La Escritura. Pero de ese contexto debe pasarse sucesivamente a otros cada vez más reducidos: Antiguo o Nuevo Testamento, serán contextos más limitados el Pentateuco, los Libros Históricos, los Poéticos, los Sapienciales o los Proféticos, y dentro de cada grupo, cada uno de los libros que lo forman.

De un modo análogo el contexto del Nuevo Testamento se reduce mediante la clasificación en Evangelios, Hechos de los Apóstoles, Epístolas y Apocalipsis. Después se delimitará la sección del libro en la que se encuentra el texto y se determinará el contenido esencial de la misma. Y así se proseguirá la reducción hasta llegar al contexto más próximo al pasaje cuya exégesis se quiere efectuar. En el tránsito de contextos más amplios a otros más reducidos, conviene descubrir y tomar en consideración el propósito del autor.

El Contexto Inmediato.  Es el que corresponde, por más cercanía en estructura, al texto principal que se toma (o Texto de Partida).   

Es importante aclarar, que todo Contexto debe tener una certera relación de contraste (diferencia) o equivalencia con el Texto de Partida, sino NO es Contexto en sí.


TIPOS DE CONTEXTO: La conexión entre el texto y su contexto inmediato puede ser:
(1) Lógica, cuando las ideas del texto aparecen encajadas en la línea de pensamiento de toda la sección;
(2) Histórica, cuando existe una relación de determinados hechos o acontecimientos (por ejemplo la conversación de Jesús con el ciego de nacimiento (Jn.9:35-38) y el contexto de su curación y testimonio (9:1-34));
(3) Teológica, si el contenido del texto forma parte de un argumento doctrinal. En el examen del contexto deben tenerse en cuenta los paréntesis, digresiones y los cambios bruscos de un tema a otro. En cualquiera de estos casos, el hilo del pensamiento del autor parece romperse para introducir una línea nueva de reflexión. El intérprete habrá de tener el debido discernimiento para advertir que el verdadero contexto no lo constituyen los versículos que anteceden o siguen inmediatamente al texto objeto de exégesis, sino en una porción anterior o posterior de los mismos (por ejemplo, el contexto de II Cor.5:11 al 6:13 es II Cor.7:2-16. En la sección del 6:14 al 7:1 ocurre un cambio brusco de tema).


PASAJES PARALELOS: No siempre el contexto aporta luz para la mejor comprensión de un texto. Puede suceder que este se encuentre aislado, sin conexión con lo que le antecede o le sigue.  Es lo que vemos en la mayor parte de los textos de Proverbios, pues con la excepción de algunas secciones cuyo contenido gira en torno a temas concretos (las malas compañías 1:10-19; la vida de piedad, 3:1-12; la sabiduría, 3:13-4:27; 8:1-9:18; las exhortaciones contra la impureza, 5:1-23;6:20-7:27; la amonestación del rey, 31:1-29; y el elogio de la mujer virtuosa, 31:10-31), el resto del libro está compuesto de máximas y sentencias discontinuas. Algo análogo acontece con determinadas porciones de Eclesiastés y del Cantar de los Cantares.

En el resto de las Escrituras, aunque con menos frecuencia, también hallamos pasajes inconexos.   En tales casos es inútil trabajar en el contexto. La ayuda ha de buscarse en los pasajes paralelos, es decir aquellos que en otros lugares de la Biblia se refieren al mismo hecho histórico, a la misma enseñanza, exhortación o tema semejante. En estos pasajes paralelos generalmente se encuentra ayuda no solo para entender mejor el texto que tratamos de interpretar, sino también para obtener una perspectiva más amplia tanto de su significado como de sus aplicaciones. Como por ejemplo “aborrecer” en Lucas 14:26 equivale a “amar menos” en Mateo 10:10-37, con la consecuencia lógica de que si la familia es hostil a Cristo (véase el contexto de Mt.10:34-39).

viernes, 23 de mayo de 2014

Octava Clase: I Samuel hasta Esdras

I Samuel:  La transición
  
Este libro (y el siguiente) lleva el nombre de Samuel porque él es la persona que Dios usó para facilitar “la transición” que toma lugar durante la historia registrada aquí.  Hasta los libros de Samuel, la nación de Israel ha estado bajo una “teocracia” (Dios era su “Rey” y Líder).    Pero por la rebelión del pueblo de Dios y debido a su desobediencia bajo los jueces, esta época de la teocracia fue un fracaso completo, obviamente no porque fuera una teocracia (gobierno de Dios), sino debido al rebelarse el pueblo de Dios pidiéndole al profeta y juez Samuel que deseaban ser gobernados como las demás naciones (gobierno humano).  Así que, Dios les concede el deseo equivocado de su corazón y a través de Samuel, el último juez, para que Israel entre a una nueva etapa en la que se desarrolla como nación entre altos y bajos.  

El libro de I Samuel comienza contiene en sus primeros siete capítulos mostrando a Israel gobernado a través del profeta mismo.  Samuel es diferente de los demás por su relación con la Palabra de Dios, y es por esto que Dios lo usó tanto. Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.  Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.  I Sam. 3.19-20  

Este primer libro de Samuel podría llamarse “el Libro de Saúl” porque la gran mayoría de su contenido se trata de la vida de este primer rey de Israel. El principal problema con Saúl es que Dios no lo escogió para ser rey de Su pueblo. Saúl fue elegido por los mismos israelitas.  El testimonio de su relación con la Palabra de Dios es muy diferente del de Samuel, y por esto Dios le quitó el reino para dárselo a otro mejor que él. 
Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.  Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. I Sam. 15.23 

Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, 
y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.   
I Sam. 15.28  

El pueblo no quería esperar a que Dios les proveyera un rey, entonces escogieron a Saúl (que, de hecho, llegó a ser uno de los 18 tipos principales del Anticristo en la Biblia). El Señor tenía a otro en mente (uno de los 21 tipos principales de Cristo en la Biblia) y de él se trata el siguiente libro en la Biblia.  

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos;  
y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.  
Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. 
I Sam. 16.13


II Samuel:  La confirmación  

Como I Samuel es “el Libro de Saúl”, II Samuel podría llamarse “el Libro de David” porque trata de los hechos de la vida de este gran rey de Israel. El reino que era dividido bajo el reinado de Saúl ya se une y se confirma bajo David quien empieza a extender las fronteras de Israel derrotando a todos los enemigos con que se encuentra. 

Y puso guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición,  
y todos los edomitas fueron siervos de David.  
Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue. 
II Sam. 8.14  

David, el hombre de guerra, es un cuadro de Cristo Jesús en Su segunda y gloriosa venida. Como el rey David, Jesucristo hará guerra contra los enemigos de Israel y los sacará de la tierra que Dios le dio a Israel.  Al final de la vida de David, hay paz en el reino e Israel está ocupando casi toda la tierra prometida.   Es durante este tiempo de paz que el reino pasa de David a su hijo, Salomón, un tipo y cuadro de Cristo sobre el trono de David durante el Milenio cuando reinará como el Rey de reyes. La historia de Salomón es el tema de la primera parte del siguiente libro, I Reyes.  


I Reyes:  La descomposición  

La historia de I Reyes empieza bien cuando Salomón recibe el trono de su padre, David.  
Durante el reinado de Salomón, Israel experimenta un tiempo de paz y seguridad en la tierra prometida como nunca en su historia, como cumplimiento del Dios Fiel del Pacto que hizo con David. Los judíos llegan a ser la cabeza de las naciones gentiles y todo el mundo se halla bajo los pies de Israel durante los primeros capítulos de I Reyes
.  
Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Éufrates hasta la tierra de los filisteos  
y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.  
I Rey 4.21 

Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.  
Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios
 había puesto  en su corazón. Y todos le llevaban cada año sus presentes: 
alhajas de oro y de plata, vestidos,  armas, especias aromáticas, caballos y mulos. 
I Rey 10.23-25 

Durante este periodo de paz y dominio Salomón edifica el famoso Templo de Jehová en Jerusalén.  Le cuesta siete años edificar la casa de Dios.  Aquí, entonces, es donde Dios nos da una pista sutil de los problemas en el reino que resultarán luego en la descomposición del reino. Justo después de terminar la casa de Dios (I Rey 6.38), Salomón edifica su propia casa (I Rey 7.1). No le cuesta siete años edificarla, sino que dura 13 años haciéndola.  En esto no sólo vemos el número de la rebelión, también el hecho que el rey ocupa casi el doble del tiempo en su propia casa que el que invirtió en la casa de Dios. Cuando nosotros nos preocupamos por nuestra propia comodidad más que por la comisión de Dios, estamos por caer. Esto es exactamente lo que le pasa a Salomón. 

Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos,  
y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.  
Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios,  y a Milcom, ídolo 
abominable de los amonitas.  
I Rey 11.4-5 

La historia de Salomón termina muy diferente de cómo empieza. Él deja de seguir a Dios y empieza a seguir a los dioses falsos de sus muchas mujeres descarriado del propósito y del Pacto que Dios había levantado tanto con su padre David como con el mismo Salomón.  Salomón es una lección negativa en la historia de Israel para que el pueblo espiritual de Dios, la Iglesia, obtenga una enseñanza positiva respecto de no abandonar nunca el Pacto que Dios le ha levantado mediante Cristo Jesús El Rey Perfecto y Eterno. 

Después de Salomón el reino se divide en dos, con las diez tribus del norte (llamadas “Israel”) separándose de las dos del sur (llamadas “Judá”). Luego, a través de una rápida sucesión de diferentes reyes, tanto en Israel como en Judá, el reino se va descomponiendo hasta que Dios manda el castigo fuerte de la dispersión en el siguiente libro. El último rey que se menciona en el último pasaje del Libro de I Reyes es un buen ejemplo de casi todos los reyes de Israel y de Judá después de Salomón. 

Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria,  el año diecisiete de Josafat 
rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel. E hizo lo malo ante  los ojos de Jehová, y anduvo 
en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino  de Jeroboam hijo de
Nabat, que hizo pecar a Israel; porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios 
de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. 
I Rey 22.51-53.


II Reyes:  La dispersión  

Es durante la historia de II Reyes que Dios le manda a Israel la mayoría de los profetas.    Por medio de los profetas Dios amonesta a Su pueblo a arrepentirse y le avisa del duro juicio y castigo que están por venir. (Una señal distintiva de la manifestación profética de Dios, es decir, el surgimiento de los profetas de Dios, es que se da en momentos de una profunda crisis espiritual, moral y social en el pueblo de Dios y el papel de los profetas, generalmente ha sido confrontar al pueblo de Dios respecto de su pecado y alejamiento de Dios y exhortarlo a “volver a las sendas antiguas”, o sea el Camino recto que es Dios mismo).   

Después de 80 años de prosperidad bajo David y Salomón, la nación de Israel lo pierde todo en II Reyes porque no quiere dejar de pecar y así se hunde más y más en la apostasía y la idolatría.   Al fin y al cabo Dios no espera más y manda a Su pueblo a la dispersión. Israel (las diez tribus del norte) es llevado cautivo por los asirios en II Reyes 17, y Judá (las dos tribus del sur) se va al cautiverio babilónico en II Reyes 25.  

Nabucodonosor fue el primer rey gentil para hollar Jerusalén. 

En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor 
rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey 
de Babilonia.  Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; 
y todas las casas de  los príncipes quemó a fuego.   Y todo el ejército de los caldeos que estaba 
con el capitán de la guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén. Y a los del pueblo
 que habían quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia, 
y a los que habían quedado de la gente común, los llevó cautivos Nabuzaradán, 
capitán de la guardia.  
II Rey 25.8-11 

Dios le quitó a Israel el reino y se lo entregó a los gentiles, quienes desde entonces han reinado en el mundo.  Israel podría haber recibido este reino físico en el mundo durante la primera venida de Cristo, pero lo rechazó cuando no aceptó a Jesús como su Mesías.  Así que, los tiempos de los gentiles se extenderán hasta la segunda venida de Cristo (Apoc 11.2), cuando Él vendrá para tomar control de los reinos de este mundo a la fuerza (Apoc 11.15). En el segundo capítulo de Daniel, La Escritura da un bosquejo de los tiempos de los gentiles en la imagen de metal que Nabucodonosor vio en su sueño. Estos tiempos empezaron con el reino de Babilonia y Nabucodonosor que era la cabeza de oro (Dan 2.36-38). Terminarán con la venida del Mesías, la piedra que desmenuza toda la imagen destruyendo el último reino de las piernas y los pies (Dan 2.44-45).


I Crónicas:  La retrospección (I y II Samuel)

Primero de Crónicas es una retrospección de los libros de Samuel. Se trata de los mismos acontecimientos de los reinados de Saúl y David pero se escribieron desde una perspectiva diferente. En Samuel vemos los eventos desde la perspectiva del trono (de los reyes) y en         I Crónicos los vemos desde el punto de vista del templo (de los sacerdotes). 


 II Crónicas:  La retrospección (I y II Reyes) 

Segundo de Crónicas es una retrospección de los libros de Reyes. Se trata de los mismos eventos que se registraron en I y II de Reyes, sólo que se escribieron desde una perspectiva diferente. Igual que I Crónicas, este libro se escribió desde la perspectiva del templo (de los sacerdotes) y no del punto de vista del trono (de los reyes).


Esdras:  La restauración.

En los siguientes tres libros, la historia de Israel continúa y por esto se incluyen en el grupo de los libros de historia. Sin embargo Esdras, Nehemías y Ester forman un grupo aparte porque se trata de la historia de Israel después de la cautividad (la dispersión). El Libro de Esdras es un libro acerca de la restauración de la nación de Israel en la tierra prometida después de los 70 años (Jer 25.11-12; 29.10; Dan 9.2) de cautividad en Babilonia.

Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.  
Esd 1.2-3

Vuelven a su tierra y la primera cosa que hacen es reconstruir el templo para restablecer la comunión con Dios.  Este es un buen patrón para nosotros cuando nos encontramos bajo la disciplina del Señor por habernos metido en pecado. Después de arrepentirnos, la primera cosa que necesitamos hacer es restablecer la comunión con Dios.  Necesitamos estar en Su presencia. Como los judíos volvieron al lugar de bendición y reedificaron el templo (donde podían estar en comunión con el Señor), nosotros necesitamos volver al lugar de bendición y reedificar un buen tiempo a solas en la Biblia y la oración (donde podemos estar en comunión con el Señor). Lo primordial siempre es la comunión con Dios.