viernes, 23 de mayo de 2014

Octava Clase: I Samuel hasta Esdras

I Samuel:  La transición
  
Este libro (y el siguiente) lleva el nombre de Samuel porque él es la persona que Dios usó para facilitar “la transición” que toma lugar durante la historia registrada aquí.  Hasta los libros de Samuel, la nación de Israel ha estado bajo una “teocracia” (Dios era su “Rey” y Líder).    Pero por la rebelión del pueblo de Dios y debido a su desobediencia bajo los jueces, esta época de la teocracia fue un fracaso completo, obviamente no porque fuera una teocracia (gobierno de Dios), sino debido al rebelarse el pueblo de Dios pidiéndole al profeta y juez Samuel que deseaban ser gobernados como las demás naciones (gobierno humano).  Así que, Dios les concede el deseo equivocado de su corazón y a través de Samuel, el último juez, para que Israel entre a una nueva etapa en la que se desarrolla como nación entre altos y bajos.  

El libro de I Samuel comienza contiene en sus primeros siete capítulos mostrando a Israel gobernado a través del profeta mismo.  Samuel es diferente de los demás por su relación con la Palabra de Dios, y es por esto que Dios lo usó tanto. Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.  Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.  I Sam. 3.19-20  

Este primer libro de Samuel podría llamarse “el Libro de Saúl” porque la gran mayoría de su contenido se trata de la vida de este primer rey de Israel. El principal problema con Saúl es que Dios no lo escogió para ser rey de Su pueblo. Saúl fue elegido por los mismos israelitas.  El testimonio de su relación con la Palabra de Dios es muy diferente del de Samuel, y por esto Dios le quitó el reino para dárselo a otro mejor que él. 
Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.  Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. I Sam. 15.23 

Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, 
y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.   
I Sam. 15.28  

El pueblo no quería esperar a que Dios les proveyera un rey, entonces escogieron a Saúl (que, de hecho, llegó a ser uno de los 18 tipos principales del Anticristo en la Biblia). El Señor tenía a otro en mente (uno de los 21 tipos principales de Cristo en la Biblia) y de él se trata el siguiente libro en la Biblia.  

Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos;  
y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David.  
Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. 
I Sam. 16.13


II Samuel:  La confirmación  

Como I Samuel es “el Libro de Saúl”, II Samuel podría llamarse “el Libro de David” porque trata de los hechos de la vida de este gran rey de Israel. El reino que era dividido bajo el reinado de Saúl ya se une y se confirma bajo David quien empieza a extender las fronteras de Israel derrotando a todos los enemigos con que se encuentra. 

Y puso guarnición en Edom; por todo Edom puso guarnición,  
y todos los edomitas fueron siervos de David.  
Y Jehová dio la victoria a David por dondequiera que fue. 
II Sam. 8.14  

David, el hombre de guerra, es un cuadro de Cristo Jesús en Su segunda y gloriosa venida. Como el rey David, Jesucristo hará guerra contra los enemigos de Israel y los sacará de la tierra que Dios le dio a Israel.  Al final de la vida de David, hay paz en el reino e Israel está ocupando casi toda la tierra prometida.   Es durante este tiempo de paz que el reino pasa de David a su hijo, Salomón, un tipo y cuadro de Cristo sobre el trono de David durante el Milenio cuando reinará como el Rey de reyes. La historia de Salomón es el tema de la primera parte del siguiente libro, I Reyes.  


I Reyes:  La descomposición  

La historia de I Reyes empieza bien cuando Salomón recibe el trono de su padre, David.  
Durante el reinado de Salomón, Israel experimenta un tiempo de paz y seguridad en la tierra prometida como nunca en su historia, como cumplimiento del Dios Fiel del Pacto que hizo con David. Los judíos llegan a ser la cabeza de las naciones gentiles y todo el mundo se halla bajo los pies de Israel durante los primeros capítulos de I Reyes
.  
Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos desde el Éufrates hasta la tierra de los filisteos  
y el límite con Egipto; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió.  
I Rey 4.21 

Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.  
Toda la tierra procuraba ver la cara de Salomón, para oír la sabiduría que Dios
 había puesto  en su corazón. Y todos le llevaban cada año sus presentes: 
alhajas de oro y de plata, vestidos,  armas, especias aromáticas, caballos y mulos. 
I Rey 10.23-25 

Durante este periodo de paz y dominio Salomón edifica el famoso Templo de Jehová en Jerusalén.  Le cuesta siete años edificar la casa de Dios.  Aquí, entonces, es donde Dios nos da una pista sutil de los problemas en el reino que resultarán luego en la descomposición del reino. Justo después de terminar la casa de Dios (I Rey 6.38), Salomón edifica su propia casa (I Rey 7.1). No le cuesta siete años edificarla, sino que dura 13 años haciéndola.  En esto no sólo vemos el número de la rebelión, también el hecho que el rey ocupa casi el doble del tiempo en su propia casa que el que invirtió en la casa de Dios. Cuando nosotros nos preocupamos por nuestra propia comodidad más que por la comisión de Dios, estamos por caer. Esto es exactamente lo que le pasa a Salomón. 

Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos,  
y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.  
Porque Salomón siguió a Astoret, diosa de los sidonios,  y a Milcom, ídolo 
abominable de los amonitas.  
I Rey 11.4-5 

La historia de Salomón termina muy diferente de cómo empieza. Él deja de seguir a Dios y empieza a seguir a los dioses falsos de sus muchas mujeres descarriado del propósito y del Pacto que Dios había levantado tanto con su padre David como con el mismo Salomón.  Salomón es una lección negativa en la historia de Israel para que el pueblo espiritual de Dios, la Iglesia, obtenga una enseñanza positiva respecto de no abandonar nunca el Pacto que Dios le ha levantado mediante Cristo Jesús El Rey Perfecto y Eterno. 

Después de Salomón el reino se divide en dos, con las diez tribus del norte (llamadas “Israel”) separándose de las dos del sur (llamadas “Judá”). Luego, a través de una rápida sucesión de diferentes reyes, tanto en Israel como en Judá, el reino se va descomponiendo hasta que Dios manda el castigo fuerte de la dispersión en el siguiente libro. El último rey que se menciona en el último pasaje del Libro de I Reyes es un buen ejemplo de casi todos los reyes de Israel y de Judá después de Salomón. 

Ocozías hijo de Acab comenzó a reinar sobre Israel en Samaria,  el año diecisiete de Josafat 
rey de Judá; y reinó dos años sobre Israel. E hizo lo malo ante  los ojos de Jehová, y anduvo 
en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino  de Jeroboam hijo de
Nabat, que hizo pecar a Israel; porque sirvió a Baal, y lo adoró, y provocó a ira a Jehová Dios 
de Israel, conforme a todas las cosas que había hecho su padre. 
I Rey 22.51-53.


II Reyes:  La dispersión  

Es durante la historia de II Reyes que Dios le manda a Israel la mayoría de los profetas.    Por medio de los profetas Dios amonesta a Su pueblo a arrepentirse y le avisa del duro juicio y castigo que están por venir. (Una señal distintiva de la manifestación profética de Dios, es decir, el surgimiento de los profetas de Dios, es que se da en momentos de una profunda crisis espiritual, moral y social en el pueblo de Dios y el papel de los profetas, generalmente ha sido confrontar al pueblo de Dios respecto de su pecado y alejamiento de Dios y exhortarlo a “volver a las sendas antiguas”, o sea el Camino recto que es Dios mismo).   

Después de 80 años de prosperidad bajo David y Salomón, la nación de Israel lo pierde todo en II Reyes porque no quiere dejar de pecar y así se hunde más y más en la apostasía y la idolatría.   Al fin y al cabo Dios no espera más y manda a Su pueblo a la dispersión. Israel (las diez tribus del norte) es llevado cautivo por los asirios en II Reyes 17, y Judá (las dos tribus del sur) se va al cautiverio babilónico en II Reyes 25.  

Nabucodonosor fue el primer rey gentil para hollar Jerusalén. 

En el mes quinto, a los siete días del mes, siendo el año diecinueve de Nabucodonosor 
rey de Babilonia, vino a Jerusalén Nabuzaradán, capitán de la guardia, siervo del rey 
de Babilonia.  Y quemó la casa de Jehová, y la casa del rey, y todas las casas de Jerusalén; 
y todas las casas de  los príncipes quemó a fuego.   Y todo el ejército de los caldeos que estaba 
con el capitán de la guardia, derribó los muros alrededor de Jerusalén. Y a los del pueblo
 que habían quedado en la ciudad, a los que se habían pasado al rey de Babilonia, 
y a los que habían quedado de la gente común, los llevó cautivos Nabuzaradán, 
capitán de la guardia.  
II Rey 25.8-11 

Dios le quitó a Israel el reino y se lo entregó a los gentiles, quienes desde entonces han reinado en el mundo.  Israel podría haber recibido este reino físico en el mundo durante la primera venida de Cristo, pero lo rechazó cuando no aceptó a Jesús como su Mesías.  Así que, los tiempos de los gentiles se extenderán hasta la segunda venida de Cristo (Apoc 11.2), cuando Él vendrá para tomar control de los reinos de este mundo a la fuerza (Apoc 11.15). En el segundo capítulo de Daniel, La Escritura da un bosquejo de los tiempos de los gentiles en la imagen de metal que Nabucodonosor vio en su sueño. Estos tiempos empezaron con el reino de Babilonia y Nabucodonosor que era la cabeza de oro (Dan 2.36-38). Terminarán con la venida del Mesías, la piedra que desmenuza toda la imagen destruyendo el último reino de las piernas y los pies (Dan 2.44-45).


I Crónicas:  La retrospección (I y II Samuel)

Primero de Crónicas es una retrospección de los libros de Samuel. Se trata de los mismos acontecimientos de los reinados de Saúl y David pero se escribieron desde una perspectiva diferente. En Samuel vemos los eventos desde la perspectiva del trono (de los reyes) y en         I Crónicos los vemos desde el punto de vista del templo (de los sacerdotes). 


 II Crónicas:  La retrospección (I y II Reyes) 

Segundo de Crónicas es una retrospección de los libros de Reyes. Se trata de los mismos eventos que se registraron en I y II de Reyes, sólo que se escribieron desde una perspectiva diferente. Igual que I Crónicas, este libro se escribió desde la perspectiva del templo (de los sacerdotes) y no del punto de vista del trono (de los reyes).


Esdras:  La restauración.

En los siguientes tres libros, la historia de Israel continúa y por esto se incluyen en el grupo de los libros de historia. Sin embargo Esdras, Nehemías y Ester forman un grupo aparte porque se trata de la historia de Israel después de la cautividad (la dispersión). El Libro de Esdras es un libro acerca de la restauración de la nación de Israel en la tierra prometida después de los 70 años (Jer 25.11-12; 29.10; Dan 9.2) de cautividad en Babilonia.

Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en Jerusalén.  
Esd 1.2-3

Vuelven a su tierra y la primera cosa que hacen es reconstruir el templo para restablecer la comunión con Dios.  Este es un buen patrón para nosotros cuando nos encontramos bajo la disciplina del Señor por habernos metido en pecado. Después de arrepentirnos, la primera cosa que necesitamos hacer es restablecer la comunión con Dios.  Necesitamos estar en Su presencia. Como los judíos volvieron al lugar de bendición y reedificaron el templo (donde podían estar en comunión con el Señor), nosotros necesitamos volver al lugar de bendición y reedificar un buen tiempo a solas en la Biblia y la oración (donde podemos estar en comunión con el Señor). Lo primordial siempre es la comunión con Dios.

viernes, 2 de mayo de 2014

Séptima clase de PANORAMA BÍBLICO


Los Doce libros de Historia

Los Libros Históricos en el Antiguo Testamento tratan sobre la formación del pueblo de Israel, el exilio a Babilonia y el regreso a Jerusalén. En estos libros aprendemos sobre las murallas que cayeron en Jericó, el reinado de David, conocemos al profeta Elías, y una serie de reyes irreverentes. La gran lección es que Dios cumple sus promesas y espera de su pueblo obediencia y fidelidad.  Esta serie de Libros en La Biblia están después del Pentateuco y antes de los libros poéticos.

Josué:  La posesión

Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra. (Jos 11:23)

El Libro de Josué es un libro de victoria y puede dividirse fácilmente en dos partes según las dos etapas de la conquista de la tierra prometida que se menciona en Josué 11:23.

Primero, los capítulos del 1 al 12 tratan de la conquista de la tierra y, luego, los siguientes capítulos (del 13 al 24) tienen que ver con la ocupación de la misma.  Así que, el Libro de Josué es el que cuenta la historia de Israel tomando control de lo que Dios les prometió años antes.  Es también un libro de transición porque nos lleva de los libros de Moisés, y el comienzo de la nación de Israel, al resto del Antiguo Testamento y el desarrollo del reino de Israel en la tierra prometida.

Hay mucha enseñanza doctrinal y práctica que el estudiante de la Biblia puede sacar del Libro de Josué porque, en cierto sentido, es el “Libro de Jesús”.  Josué sirve de pre-tipo de Jesús como otros siervos de Dios en el A.T.  El nombre Josué en hebreo es el mismo nombre Jesús en griego.

Así que, por medio de los tipos y cuadros en Josué podemos ver muchas enseñanzas prácticas acerca de cómo nosotros podemos tomar posesión de (experimentar) todo lo que Dios nos ha prometido en Jesús.   

En Él tenemos la promesa de vida abundante (Juan 10.10) y la de toda bendición espiritual (Ef 1.3), pero ello implica asumir una vida activa como guerreros para tomar posesión de lo que Dios ya prometió, de lo contrario nunca lo experimentamos en este mundo. Si queremos ver y tomar lo que Dios tiene para nuestra vida como posesión eterna, tenemos que cumplir lo mismo que se le dijo a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.  (Josué 1.9)   La vida en el Reino de Dios no es para cobardes.  Dios sentencia que “…los cobardes y los incrédulos…tendrán su parte en el lago de fuego…” (Apocalipsis 21:8)  

También, doctrinalmente el Libro de Josué es un cuadro profético de la segunda venida de Cristo.   El Mesías vendrá y seguirá la misma ruta que Josué tomó para tomar control de la tierra. Él, como Josué, despojará a los enemigos de Israel que están ocupando la tierra prometida y luego la dividirá entre los hijos de Israel durante el Milenio


 Jueces y Rut: La declinación

Después los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y sirvieron a los baales.    Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses, los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, a los cuales adoraron; y provocaron a ira a Jehová. (Juec 2.11-12)

Lastimosamente, para Israel la victoria del Libro de Josué no dura mucho tiempo. En el Libro de Jueces leemos acerca de la declinación de la nación de Israel hacia la apostasía y finalmente, la ruina.  Se puede ver seis veces en este libro el mismo ciclo de apostasía.

Primero, Israel cae en pecado desobedeciendo a la Palabra de Dios. Luego, Dios les envía un opresor para castigarles y llevarlos hacia el arrepentimiento. Bajo el duro castigo de Dios, los israelitas se arrepienten y claman a Él por liberación. Por esto, el Señor levanta un juez—un líder para el pueblo—y él moviliza a los israelitas a la guerra contra sus enemigos para sacarlos de su aflicción. Por lo tanto, los israelitas experimentan la victoria por medio de la provisión de Dios, pero al rato caen otra vez en el pecado y la apostasía desobedeciendo la Palabra de Dios, y el ciclo se repite.

El versículo clave del Libro de Jueces es el último y capta bien la causa de todos los problemas de Israel durante este tiempo.

En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía. (Juec 21.25).         No había rey—una autoridad final—para guiar a los israelitas conforme a la voluntad de Dios, entonces cada cual hacía lo que le daba la gana. Todos vivían según su propio parecer. Esto nos ayuda a entender la apostasía de nuestros días que se debe a la misma falta de autoridad final. La gente ha rechazado la Biblia como la autoridad y cada uno hace lo que bien le parece. Es como muchos dicen: “... Dios me dijo... Tuve un sueño... El Señor me mostró en una visión...” Al decir este tipo de cosas, echan por la borda la autoridad final de la Escritura y aceptan la autoridad de su parecer.
Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas. (2Tim 4.3-4)

Además, el Libro de Jueces es un cuadro doctrinal y profético de “aquellos días” de la Tribulación que están por venir después del arrebatamiento de la Iglesia. Él duro castigo que Israel experimentaba durante el tiempo de los jueces prefigura lo que les va a pasar en la Tribulación cuando los pueblos del mundo se reúnen para exterminar a los judíos (Apoc 12.17).

Sin embargo, como en el Libro de Jueces, el castigo divino va a provocar el arrepentimiento en Israel y Dios mandará a un Juez, el Mesías, para librar a los judíos de sus opresores.

Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron [en la crucifixión], y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito. (Zac 12.10)

Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. 
(Zac 14.3)

Rut:

La historia de Rut toma lugar durante el tiempo de los jueces, entonces por esto forma parte de la misma “declinación” del pueblo de Dios. El Libro de Rut nos muestra que aun durante tiempos de apostasía y el duro castigo de Dios sobre Su pueblo, hay gente que le quiere obedecer.  En esta historia Rut, una mujer gentil pero obediente a la ley de Moisés, y Booz, un hombre judío que la redime para tomarla por esposa.  Todo el libro es un bello cuadro de lo que Jesús ha hecho por nosotros.  Booz es un tipo y cuadro de Jesucristo y Rut la gentil tipifica la Iglesia.  Como Booz libró a Rut de su pobreza física a través de una obra de redención, así Cristo nos rescató de la pobreza espiritual por la redención que nos consiguió en la cruz.  Esta historia termina con la gran felicidad de una boda: tanto la de Booz y Rut, como la de Cristo y nosotros (Su Iglesia) (Apoc 19.9-10).

El versículo clave de Rut es 1.16.
Respondió Rut: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. (Rut 1.16)

En este versículo vemos que la decisión de Rut de aceptar al Dios de los israelitas es lo que hace toda la diferencia en su vida.
¡Qué buen cuadro de otro versículo “1.16” que está en la Biblia!
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. (Rom 1.16)

sábado, 26 de abril de 2014

Sexta clase HERMENÉUTICA INTRODUCTORIA: Reglas Básicas Para Interpretar Correctamente Las Escrituras Bíblicas


1.     Dejar que la Biblia sea su propio intérprete cada vez que sea posible.
2.     Tomar literalmente, lo más posible, las palabras de la Biblia. Sólo debe buscarse el significado figurado cuando el literal carezca de sentido.
3.     Colocar todas las interpretaciones hechas dentro del contexto del cual fueron tomados los pasajes, para ver si se ha cometido alguna arbitrariedad en la interpretación.
4.     Considerar el tema o propósito del libro cuando se intérprete un pasaje específico de dicho libro.
5.    Ser reflexivo al hacer la interpretación. Evitar los juicios acelerados. Buscar las razones que pudieran demostrar que su interpretación es incorrecta.

EL AMBIENTE DE UN TEXTO BÍBLICO
Para esto necesitaremos investigar el trasfondo histórico. Es el momento que logramos adentrarnos en la vida del escritor, conociendo su estilo de escribir y detectamos la intención verdadera y las emociones que le embargaban, solo entonces estaremos cerca de recibir el mensaje en su primera intención. Para tener una idea más o menos completa del fondo histórico de un texto, es necesario recoger y comparar cuantos datos permiten al intérprete acercarse al máximo de la situación en que dicho tema se enmarca. Destacamos a continuación los más importantes. 

1)  DATOS GEOGRAFICOS: La orografía, la hidrografía, la climatología, la flora y fauna, etc., del lugar correspondiente pueden ayudarnos a entender más claramente determinados pasajes. La parábola del buen samaritano (Lc.10:30-35) resulta más vívida si pensamos en lo abrupto del terreno rocoso entre Jerusalén y Jericó, muy adecuado para proveer de escondrijos a bandidos y maleantes de toda calaña. La solitaria ruta, no sin razón había recibido el nombre de “camino de sangre”. 

2)  ÉPOCA O MOMENTO HISTORICO: Las circunstancias históricas (políticas, sociales, culturales, religiosas/espirituales, etc.) relativas a un texto dado son igualmente importantes. Nos permiten aproximarnos más al mundo del autor, a los problemas, las inquietudes y las perspectivas que éste tenía ante sí y que en parte configuraban su mensaje. Uno de los grandes textos de Amós, “Buscadme y viviréis” (5:4), va seguido de una exhortación que, lógicamente, ha de tener una importancia paralela: “No busquéis a Betel, ni entréis en Gilgal, ni paséis a Beerseba” (5:5). ¿Qué razón había para esta prohibición?  Simplemente un destino nefasto reservado para estas ciudades. En días de Amós, aquellas poblaciones de gratos recuerdos vinculados a los patriarcas y a Samuel, se habían convertido en centros idolátricos a los que los israelitas acudían con entusiasmo en tanto que deslealmente abandonaban a Yahvé. La opción entre el culto al Dios verdadero y la idolatría de aquellos santuarios era una cuestión de vida o muerte.

3)  CIRCUNSTANCIAS ESPECIALES RELATIVAS AL AUTOR: No todos los libros de la Biblia pueden ser atribuidos con certeza a un escritor determinado. En no pocos casos la autoría es uno de los factores más controvertidos en toda instrucción bíblica. Pero cuando se sabe quién fue el autor de un texto bíblico, es mucho lo que su personalidad, sus creencias distintivas, sus experiencias y sus circunstancias particulares pueden aportar para la recta interpretación de lo que escribió. El Salmo 32 es generalmente atribuido a David. Su contenido en si es inspirador; pero indudablemente su capacidad aumenta cuando lo relacionamos con la horrible caída del rey de Israel que le llevó al adulterio y al asesinato (II.Sm.11). El dolor de David durante el tiempo de reflexión hasta su encuentro con el profeta Natán, su arrepentimiento y su restauración se reflejan vívidamente en los versículos 3-5 del Salmo. 

4)  CIRCUNSTANCIAS RELATIVAS AL DESTINATARIO: ¿a quién va dirigido un libro determinado de la Biblia? Si no se conoce de modo concreto el destinatario, ¿A quién tenía el autor en mente de modo especial? Si el pasaje contiene un discurso, ¿Quiénes fueron los oyentes y en qué circunstancias lo escucharon? La respuesta a estas preguntas también nos suministran datos hermenéuticos de valor. Los mensajes de Hageo y Malaquías ganan significado cuando pensamos en la situación existencial de los judíos que habían regresado de la cautividad. La dureza de Pablo al escribir a los Gálatas se comprende si valoramos adecuadamente la gravedad del giro doctrinal que se estaba efectuando en ellos. 

5)  OCASIÓN DEL ESCRITO Y PROPOSITO DEL ESCRITOR:  En no pocos casos, este factor está muy vinculado al anterior. Las particulares circunstancias de los destinatarios constituían básicamente el motivo para escribir con miras a instruirlos, alertarlos o corregirlos según el caso, lo que determinaba la finalidad del libro. Por ejemplo el propósito del libro del Génesis es ensalzar a Dios como creador y soberano, como el Dios que revela, Dios de santidad y de gracia, Dios que rige los destinos de hombres y pueblos según propósitos que el hombre no puede frustrar.

6)  LO PERMANENTE Y LO TEMPORAL DE LA ESCRITURA: Una cuestión importante al interpretar la Biblia es la determinación de aquello que tiene un carácter invariable y general y lo que sólo fue transitorio o particular. Atribuir a todos los textos una vigencia perenne nos llevaría a grandes errores, a veces graves por sus desviaciones ético-sociales e incluso espirituales.  Sería absurdo pensar que todas las leyes dadas a los israelitas han de seguir vigentes hoy en día ¿Cómo podríamos obedecerlas?  En caso de supuesto adulterio,              ¿Exigiríamos a una mujer que demostrase su inocencia ingiriendo una pócima malsana, como se preceptúa en Números 5:11-31? ¿Abríamos de establecer ciudades de refugio para que los homicidas involuntarios pudieran hallar asilo en ellas, como se ordena en Números 35, Deuteronomio 19:1-13, etc.?  O, ¿acaso tomaremos al pie de la letra los mandamientos Deuteronomio 21.1-12?  Hacer la pregunta ya es contestarla. ¡Evidentemente no! Esas leyes corresponden a una sociedad antigua completamente distinta de la nuestra aceptarlas y tratar de aplicarlas a nuestra sociedad compleja sería totalmente ridículo. 

La orden dada por Jesús al joven rico (Marcos 10:17-22) extendida a todos los seguidores de Cristo y literalmente cumplida, acarrearía a la iglesia grandes dificultades y resolvería muy pocos problemas, aunque por supuesto, la esencia de aquel mandato de Jesús, es decir, la necesidad de renunciar a todo cuanto pueda impedirnos seguirle, si tiene un alcance general y permanente.  
¿Y qué decir del aparente “machismo” del apóstol Pablo en I Corintios 14.34-35?  ¿Cómo contrastar o “conciliar” este texto con Gálatas 3.23-28?   ¿A qué “ley” se refiere la que el apóstol hace referencia en I Corintios 14:34?
El método correcto para interpretar y entender correctamente esta Escritura es recurriendo a tres principios:
(1)  La Palabra de Dios condena todo acto que atente contra los principios de justicia y respeto por el valor del hombre creado a la imagen misma de Dios; uno de esos principios es el de la LIBERTAD.  Lo contrario a ella es la esclavitud.
(2)  El contexto histórico y socio-cultural tanto de los receptores (destinatarios o lectores) del apóstol Pablo como el tiempo mismo arroja luz para tomar como se deben tomar los términos o palabras particulares que conforman la conjugación expresiva del escritor (Pablo).  En el caso de I Corintios 14.14-15, el texto mismo nos obliga a poner en el espacio que corresponde a las palabras distinguidas o enfáticas que contiene.

(3)  La aplicabilidad (usabilidad) correcta del principio de lo permanente (trascendencia) y lo temporal de las Escrituras a la hora de interpretar las mismas desde un punto de ella (un texto en particular).

martes, 25 de marzo de 2014

Vídeo de reforzamiento H.I.


Cómo entender La Biblia

(Vídeo de reforzamiento para la clase de Hermenéutica Introductoria)




domingo, 23 de marzo de 2014

Panorama Bíblico





Introducción

¿QUÉ ES LA BIBLIA?

La palabra "Biblia" se emplea para designar las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamentos, reconocidas y utilizadas por las iglesias cristianas. El judaísmo sólo reconoce las Escrituras del Antiguo Testamento.  Otras religiones, tales como el budismo (China y otros países derivados como Japón, Corea del Norte y del Sur, Taiwán y otros), el hinduismo (La India), el zoroastrianismo (Algunos países árabes como Irán),  y el islamismo (la mayoría de los países del Medio Oriente y algunos del África como Nigeria), tienen también sus escritos “sagrados”.

Pero hay una sola Biblia: única e incomparable, frente a los demás escritos "sagrados".
¿Por qué La Biblia es Única?
1.    Su REVELACION. es la revelación de Dios;
2.    Su INSPIRACION.  "inspirada por él" (2 Ti. 3.16) en un sentido muy distinto de la inspiración de las obras literarias;
3.    Su PROPÓSITO. revela los planes y propósitos de Dios para el tiempo y la eternidad;
4.    Su TEMA CENTRAL. se centra en Dios encarnado en Jesucristo, el Salvador de la humanidad (He. 1.1-2).
5.    Su INDESTRUCTIBILIDAD material e inmaterial. Mateo 24:35, Marcos 13:31, Lucas 21:33. I Pedro 1:25.
6.    Su UNIVERSALIDAD. Dios prometió que Su Palabra cubrirá toda la tierra, es decir, en toda la tierra llegaría a ser expuesta y predicada Su Palabra. Habacuc 2:14, Salmo 19:4, Romanos 10:18.
7.    Su POTENCIA. Hebreos 11:3,
8.    Sus RESULTADOS. Revelan a Cristo Jesús al hombre y éste es TRANSFORMADO, renacido, regenerado por La Palabra de Dios.  Juan 5:39, Salmo 19.7-8,  Santiago 1:18, I Pedro 1:23.
9.    Su CERTEZA infalible e irrefutable. La Biblia contiene la historia, el presente y el futuro de la humanidad.  En ella se encuentra todo el escenario profético de los tiempos que ya vivimos y de los días que le quedan al ser humano en este envejecido planeta tierra.  Apocalipsis 1:19,  II Pedro 3:7, II Timoteo 3.1-4.
A.   Al revisar el contenido profético de La Palabra, hasta el más simple o sencillo puede CONFIRMAR que Las PREDICCIONES de La Palabra de Dios son VERDADERAS.
B.   Dios, en Su Palabra, La Biblia, ANTICIPA las cosas que YA HAN sucedido y las que HAN DE SUCEDER, sean tiempos buenos o malos para la humanidad.


SIGNIFICADO DE LA PALABRA "BIBLIA"
La palabra biblia es griega, y quiere decir libros. Es un diminutivo de biblos (libro) que es la corteza interior del junco llamado papiro, un antepasado de nuestro papel moderno, y del cual se hacían los libros o rollos. Daniel 9.2 hace referencia a los escritos del Antiguo Testamento empleando la expresión "los libros" {la biblia en el griego). La evolución del término Biblia del plural al concepto singular puede considerarse como providencial, pues subraya la unidad de los 39 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo.


TÍTULOS DADOS POR LAS ESCRITURAS A LA BIBLIA
Nuestro Señor al referirse al A.T. generalmente lo llamaba "las Escrituras" (Mat. 21.42; Mr. 14.49; Jn. 5.39). Sus seguidores hicieron lo mismo (Lc. 24.32; Hch. 18.24; Ro. 15.4). Pablo habla de "las Sagradas Escrituras" (II Ti. 3.15), "las santas Escrituras" (Rom. 1.2). En una oportunidad Jesús se refirió a ellas como "la ley de Moisés, los profetas y los salmos" (Lc. 24.44), un eco de la disposición formal de los libros en el hebreo. Una designación más breve del AT es "la ley y los profetas" (Mt. 5.17; 11.13; Hch. 13.15). Más breve aún es el término "ley" que comprende las demás divisiones (Jn. 10.34; 12.34; 15.25; 1 Co. 14.21).
En estos últimos se encuentran las epístolas de Pablo a las cuales se refiere Pedro como "Escrituras" (II P. 3.16).

LOS TÉRMINOS "ANTIGUO TESTAMENTO" Y "NUEVO TESTAMENTO"
Desde fines del siglo II los términos "Antiguo Testamento" y "Nuevo Testamento" han sido empleados para diferenciar las Escrituras hebreas de las cristianas. La colección formal de escritos cristianos hecha en la segunda mitad del siglo II, fue denominada Nuevo Testamento. Esta colección fue puesta junto a los libros canónicos hebreos como igualmente inspirada y con la misma autoridad.
Las Escrituras hebreas fueron entonces denominadas "Antiguo Testamento". Tertuliano, uno de los padres latinos de la Iglesia ( año 200 d. C.), empleó por primera vez el término "Novum Testamentum", que luego se generalizó cristalizándose el concepto de una Biblia cristiana.

Aplicados a las Escrituras, los términos Antiguo Testamento y Nuevo Testamento significan estrictamente Antiguo y Nuevo Pactos. El pacto (hebreo berith; griego diathéke) es una continuación de la designación veterotestamentaria de la Ley mosaica, el libro del pacto (II R. 23.2). Pablo lo emplea en este sentido al hablar de "leer el antiguo pacto" (II Co. 3.14).

LOS IDIOMAS DE LA BIBLIA
Casi todo el A.T. fue escrito en hebreo, dialecto semítico semejante al fenicio y al ugarítico. Las únicas porciones escritas en arameo, otro dialecto semítico afín al hebreo, son Esd. 4.8—6:18; 7.12-26; Dn. 2.4—7.28 y Jer. 10.11.
El N.T. fue escrito totalmente en griego. La arqueología ha demostrado que el griego del NT era el lenguaje común de uso diario (Koiné) en el mundo grecorromano de la época.

LOS ESCRITORES DE LA BIBLIA.
Esencialmente, por encima de los autores humanos, la Biblia fue escrita por Dios. 2 Timoteo 3:16 nos dice que la Biblia fue “inspirada” por Dios. Dios supervisó a los autores humanos de la Biblia para que, aunque utilizaban sus propios estilos de escritura y personalidades, registraran exactamente lo que Dios quería que se escribiera. La Biblia no fue dictada por Dios, sino que fue perfectamente guiada y enteramente inspirada por Él.

Humanamente hablando, la Biblia fue escrita por aproximadamente 40 hombres de diversas procedencias, a través de un período de 1600 años. Isaías fue un profeta, Esdras fue un sacerdote, Mateo fue un cobrador de impuestos, Juan fue un pescador, Pablo fue un fabricante de tiendas, Moisés fue un pastor. A pesar de haber sido escrita por diferentes autores a través de 16 siglos, la Biblia no se contradice a sí misma, tampoco contiene error alguno. Todos los autores presentan diferentes perspectivas, pero todos ellos proclaman al mismo único y verdadero Dios, y el mismo único camino para la salvación – Jesucristo (Juan 14:6; Hechos 4:12). Pocos libros de la Biblia nombran específicamente a su autor. Estos son los libros de la Biblia, junto con el nombre de quien la mayoría de los eruditos bíblicos asumen que es el autor, así como la fecha aproximada de su autoría:

·         Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio = Moisés – 1400 a.C.
·         Josué = Josué – 1350 a.C.
·         Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel = Samuel / Natán / Gad – 1000 – 900 a.C.
·         I Reyes, II Reyes = Jeremías – 600 a.C.
·         I Crónicas, II Crónicas, Esdras, Nehemías = Esdras – 450 a.C.
·         Ester = Ester y/o Mardoqueo – 400 a.C.
·         Job = Moisés 1400 a.C.
·         Salmos = muchos diferentes autores, principalmente David, y otros atribuidos a Moisés y a Jafet. – 1000 – 400 a.C.
·         Proverbios, Eclesiastés, Cantares = Salomón – 900 a.C.
·         Isaías = Isaías – 700 a.C.
·         Jeremías, Lamentaciones = Jeremías – 600 a.C.
·         Ezequiel = Ezequiel – 550 a.C.
·         Daniel = Daniel – 550 a.C.
·         Oseas = Oseas – 750 a.C.
·         Joel = Joel – 850 a.C.
·         Amós = Amós – 750 a.C.
·         Abdías = Abdías – 600 a.C.
·         Jonás = Jonás – 700 a.C.
·         Miqueas = Miqueas – 700 a.C.
·         Nahúm = Nahúm – 650 a.C.
·         Habacuc = Habacuc – 600 a.C.
·         Sofonías = Sofonías – 650 a.C.
·         Hageo = Hageo – 520 a.C.
·         Zacarías = Zacarías – 500 a.C.
·         Malaquías = Malaquías – 430 a.C.
·         Mateo = Mateo – 55 d.C.
·         Marcos = Juan Marcos – 50 d.C.
·         Lucas = Lucas – 60 d.C.
·         Juan = Juan – 90 d.C.
·         Hechos = Lucas – 65 d.C.
·         Romanos, I Corintios, II, Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses,          I Tesalonicenses, II Tesalonicenses, I Timoteo, II Timoteo, Tito, Filemón          = Pablo 50 – 70 d.C.
·         Hebreos = desconocido, principales posibles son Pablo, Lucas, Bernabé, o Apolos – 65 d.C.
·         Santiago = Santiago – 45 d.C.
·         I Pedro, II Pedro = Pedro – 60 d.C.
·         I Juan, II Juan, III Juan = Juan – 90 d.C.
·         Judas = Judas 60 d.C.
·         Apocalipsis = Juan – 90 d.C.







ORDEN DE LOS LIBROS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO HEBREO
Los libros canónicos en la Biblia hebrea están dispuestos en una división triple:
1.    La Ley (Torah),
2.    Los Profetas (Nebhiim) y
3.    Los Escritos (Kethubhim).

Esta división es antigua y se la puede deducir del prólogo del libro apócrifo Eclesiástico. Fue conocida por Filón y citada por nuestro Señor Jesucristo (Lc. 24.44). Es evidente que durante los primeros siglos del cristianismo algunos libros fueron trasladados de la segunda sección a la tercera. La forma en que ha llegado hasta nosotros desde el período masorético (600-900 a.C.) es la siguiente:
1.    La Ley (Torah), 5 libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio.
2.    Los Profetas (Nebhiim), 8 libros Primeros Profetas, 4 libros: Josué, Jueces, Samuel, Reyes Últimos Profetas, 4 libros: Isaías, Jeremías, Ezequiel, los Doce 3. Los Escritos, 11 libros: Libros Poéticos, 3 libros: Salmos, Proverbios, Job Los Rollos (Megilloth), 5 libros: Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester Libros Profético-Históricos,
3.    Los libros: Daniel, Esdras-Nehemías, Crónicas.

LOS 39 LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO. (Orden de la Biblia en castellano)
1.    Históricos (17 libros). Génesis – Ester.
2.    Poéticos (5 libros). Job – Cantares.
3.    Proféticos (17 libros). Isaías – Malaquías.

LOS 27 LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO. La clasificación más idónea sería:
1.    Biográficos Pedagógicos (4 libros). Mateo – Juan.
2.    Histórico (1 libro). Hechos.
3.    Cartas Apostólicas. (21 cartas). Romanos – Judas.  
4.    Profético. (1 libro). Apocalipsis.


LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA
La autoridad reside en la Palabra inspirada de Dios, la Biblia, interpretada por el Espíritu Santo  obrando a través de agentes humanos enseñados por el mismo Espíritu. El protestantismo ortodoxo difiere del catolicismo al sostener que no existe, aparte de las Escrituras canónicas, ninguna otra autoridad que sea voz del Espíritu Santo. Durante la Edad Media la iglesia de Roma concentró en sí misma por medio de su episcopado toda la autoridad de la tradición, los obispos, los concilios, y cualquier otra cosa que dominara la mente de la iglesia. Este movimiento culminó en el decreto de la infalibilidad papal, que sostiene que "el Pontífice romano, hablando, ex-cathedra, posee esa infalibilidad de que el divino Redentor dotó a su iglesia, al definir una doctrina de fe o de moral."

Pero la infabilidad no se atribuye a la Iglesia en general, ni a ninguna en particular, sino a La Palabra de Dios, siendo Dios el Único Infalible.


 CRISTO COMO TEMA UNIFICADOR DE LA BIBLIA

Aunque la Biblia contiene 66 libros, 39 en el AT y 27 en el NT, es, no obstante, un solo libro. El tema unificante de las Escrituras es Cristo.

El AT prepara el camino para Cristo y lo predice en tipología y en profecía.

Los Evangelios lo presentan como Redentor en Sus manifestaciones divinas y humanas.

Los Hechos lo presentan como el Sujeto de la predicación, y a Su evangelio propagándose por todo el mundo.

Las cartas apostólicas (epístolas) exponen Su obra redentora.

Apocalipsis revela a Cristo como la consumación de todos los planes y propósitos de Dios. De "la simiente de la mujer" (Gn. 3.15), prometida en el paraíso perdido, hasta "el Alfa y la Omega" (Ap. 22.13), que se hace realidad en el paraíso reconquistado, Él es "el principio y el fin", "el primero y el postrero", en los planes revelados de Dios para con el hombre.


SUBSTANCIA DE LA BIBLIA
La Biblia fue dada como testimonio del Dios único, Creador y Sustentador del universo, por medio de Cristo, Redentor del hombre pecador.

Presenta un relato continuo: la historia de la redención humana. Dicha historia es el desarrollo progresivo de aquella verdad central de la Biblia de que Dios en Sus consejos eternos iba a encarnarse en Jesucristo, para la redención del hombre caído. El desarrollo de esta verdad central de la redención se da a conocer por medio de la historia, la profecía, los tipos y los símbolos. Esta revelación de la redención humana por Cristo, orienta al hombre en el contexto mayor de los planes que tiene Dios para él en las edades del tiempo, como también los propósitos divinos para la eternidad.


TIPOLOGÍA DE LA BIBLIA

Definición. Un tipo (del griego typos, "marca o señal que deja un golpe; patrón o huella").     Es una representación doble en acción, en que lo literal se dice con la intención de que represente lo espiritual. Un tipo es así la huella divina de la verdad espiritual sobre un suceso, persona o cosa literales. Bien entendida y apreciada, la tipología ofrece una convincente prueba de la inspiración divina. En realidad es el programa de redención de los siglos, introducido hábilmente en la trama de las Escrituras por Dios mismo.

 Un TIPO BÍBLICO  se refiere al estudio de diversos temas, sucesos, personas u objetos del Antiguo Testamento, que son considerados como "sombra" de lo que había de venir en el Nuevo Testamento.

Hay tres características para identificar un tipo que realmente se presenta como tal, de manera expresa, en las Escrituras:
1)        Es figura de alguna realidad espiritual futura, preparada por inspiración divina; lo que quiere decir que son proféticos, y no son meras ilustraciones.
2)        Representa alguna realidad espiritual futura, que se había de manifestar plenamente tras la venida de Cristo.
3)        Su cumplimiento es el ANTITIPO.  Antitipo porque la persona, evento, lugar o circunstancia que realiza o se realiza el cumplimiento es el fin del TIPO.  No es ANTITIPO porque sea opuesto al TIPO, sino porque en la persona, evento, lugar o circunstancia CONCLUYE el TIPO y ya NO HAY más lugar para un doble cumplimiento.

Por extensión, no todas las Escrituras tienen igual elemento tipológico. El libro de Hebreos es un testimonio del NT al simbolismo concentrado del Pentateuco y Josué. Del mismo modo, el libro de Rut, debido a su ilustración del Pariente-Redentor y de la verdad de la redención, tiene un significado típico más profundo que el de una simple historia de amor. En I Cor. 10.11 encontramos una base neotestamentaria para la rica tipología del Pentateuco. "Y estas cosas les acontecieron [es decir a Israel en el desierto] como ejemplo [griego tupikós, típicamente o como tipo] y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos."

PROPÓSITO. La tipología, como el obrar divino de los propósitos de Dios en las Escrituras, es un medio de hacer que la Palabra de Dios sea relevante para todos los tiempos y situaciones. Ya que Jesucristo es el tema constante de las Escrituras, Su persona y Su obra han quedado impresas divinamente en ellas por medio de tipos, símbolos y profecías.

VARIEDADES DE TIPOS.

1.       Personas típicas, como Caín, tipo del hombre natural, carente de un sentido adecuado del pecado o de la expiación (Gn. 4.3; 2 P. 2.1-22; Jud. 11). Abel, por contraste, es un tipo del hombre espiritual, cuyo sacrificio de sangre (Gn. 4.4; He. 9.22) demostró su sentimiento de culpabilidad de pecado, y su confianza en un sustituto. De un modo parecido, numerosos santos del AT tipifican algún aspecto del Mesías o alguna faceta de la redención. Para el caso, David, en algunas facetas de su vida, tipifica a Cristo, especialmente en algunos Salmos, cuando hablando de sus experiencias espirituales y de las ligadas a su humanidad, proyecta La Persona de Cristo; tal es la muestra de ello en el Salmo 22 (todo el capítulo).

1.       Instituciones típicas, tales como el ritual levítico, en el que hay una concentración de tipologías. Por ejemplo, todo el ritual levítico en que corderos u otros animales eran sacrificados para expiar el pecado (Lv. 17.11), prefiguraba al Cordero de Dios (Jn. 1.29; He. 9.28; 1 P. 1.19). La pascua (Lv. 23) presentaba a Cristo nuestro Redentor (1 Co. 5.6-8).

2.       Sucesos típicos, que incluyen el diluvio, el éxodo, la travesía del desierto, el maná, la serpiente de bronce, la conquista de Canaán.

3.       Los oficios típicos incluyen a profetas, sacerdotes y reyes. Por ejemplo, Moisés, como profeta, era tipo de Cristo (Dt. 18.15-18; Jn. 6.14; 7.40). (5)

4.       Las acciones típicas incluyen la experiencia de Jonás con el gran pez, tipo profético de la sepultura y resurrección de nuestro Señor (Mt. 12.39).


EL TIPO COMO PROFECÍA. Con frecuencia se ha dicho que la tipología es una especia de profecía. Es cierto, pero el sentido típico quizá no se dé a conocer en la época en que aparece el tipo. Gran parte de la tipología del AT se refiere a sucesos y verdades acerca de un período que no fue revelado a los videntes del AT (Mt. 13:11-17), de modo que puede afirmarse que este período, al que denominamos la era de la iglesia, aunque no fue revelado a los profetas del AT, no obstante quedó estampado en las instituciones, personas y cosas por medio de la acción omnisciente del Espíritu Santo. Por esta razón el ritual, las instituciones y las experiencias del AT tienen interés y valor instructivo para los santos del NT. Cuando se comprende y aprecia debidamente este hecho, resulta una prueba maravillosa de la paternidad literaria divina de las Escrituras, lo que hace que ellas sean prácticas y omnitemporales en sus enseñanzas y en sus relaciones diarias.